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La ciencia descubre a Dios
Peter Kopa, Tenerife, 12.1.2026

https://www.youtube.com/watch?v=MGDf6dTVYw4

Michel-Yves Bolloré, autor de *«Dios, la ciencia, la evidencia» *, explica cómo la ciencia contemporánea no puede sino concluir que existe Dios. Ofrecemos citas y comentarios de su artículo publicado en diciembre en Londres, en el The Catholic Herald.

Historia de una equivocación de cinco siglos

A principios del siglo XX, los materialistas podían proclamar su aparente victoria en el debate sobre Dios. En los cuatro siglos anteriores los descubrimientos científicos pretendían difundir una visión materialista del mundo. Este progreso perturbó profundamente el pensamiento europeo que, hasta entonces, había sido cristiano en sus raíces, dando por supuesto la creación divina a partir de la nada, tal como lo revela la Biblia.

La Tierra ya no era el centro del universo, y el sol ya no giraba a su alrededor (Copérnico, 1540 a Galileo, 1610). Las leyes físicas regían el movimiento de las estrellas (Newton, Descartes, Laplace, 1650-1800). La Tierra no había surgido hace seis mil años, como parecían sugerir las Escrituras, sino que era más antigua de lo que se podía imaginar (Buffon, 1780). Y el propio hombre habría aparecido solo después de una inmensa evolución (Lamarck, 1810 a Darwin, 1870), cargado además con la humillante revelación de que descendía del simio

Ante estos planteamientos, muchos filósofos en las universidades europeas concluyeron que ya no se necesitaba a un Creador para explicar el mundo. Algunos pensadores fueron todavía más lejos, afirmando no solo que Dios no existía, sino que incluso creer en su existencia era perjudicial. La fe, decían, era el opio del pueblo (Marx, 1870) y la fuente de la alienación y las neurosis de la humanidad (Freud, 1890).

Esta nueva ´Weltanschaung´ (cosmovisión) inspiró nuevas filosofías que, a su vez, encontraron su expresión política en el totalitarismo. Tanto los científicos como los filósofos creían que el materialismo se había convertido en el lenguaje mismo de la ciencia. Sin embargo, las ciencias sufrieron un profundo giro de retorno a Dios. En el plazo de un siglo, una cascada de descubrimientos desafiaría fundamentalmente la cosmovisión materialista que había dominado los siglos anteriores.

El gran retorno hacia Dios

Los descubrimientos científicos han cuestionado de manera fundamental los pilares del materialismo. El libro God, the Science, the Evidence (Dios, la ciencia, la evidencia), que escribió Michel-Yves Bolloré, junto con Olivier Bonnassies, cuenta la historia de esa extraordinaria revolución científica del retorno y la respuesta de los materialistas. Tras los sorprendentes descubrimientos del siglo XX, volvió a ser difícil, si no imposible, explicar el universo sin recurrir a la hipótesis de un Creador. En menos de un siglo, cuatro nuevas revoluciones sacudieron los cimientos del materialismo, aunque el público sigue sin ser consciente de ello en su mayor parte.

La primera revolución: la termodinámica

La primera se produjo a mediados del siglo XIX con el nacimiento de la termodinámica. Su segunda ley reveló que todas las cosas se descomponen y que el propio universo se encaminaba inexorablemente hacia su fin, la «muerte térmica» del cosmos. Sin embargo, todo lo que llega a su fin también debe haber tenido un comienzo, y todo lo que comienza debe tener una causa. Svante Arrhenius, el célebre químico, premio Nobel y ateo declarado, se negó a creerlo, por ser tan inquietantes eran sus implicaciones. Incluso Einstein dudó durante años antes de admitir que se trataba de uno de los mayores descubrimientos de la ciencia.

La segunda revolución: el universo en expansión y el Big Bang

Luego vino el descubrimiento del universo en expansión, que conllevaba la necesidad de un comienzo, lo que ahora llamamos el Big Bang. Ofreció una confirmación nueva e independiente de que el cosmos tenía un origen definido.

Muchos de los científicos que promovieron esta teoría en Rusia o Alemania fueron perseguidos. Stalin y Hitler comprendieron que tales ideas eran capaces de destruir sus ideologías materialistas. Este episodio sigue siendo casi totalmente desconocido para el público, quizás porque incluso hoy en día resulta demasiado provocador, porque exige a todo hombre una respuesta responsable a nivel moral.

En Occidente, la teoría del «átomo primigenio», propuesta por Lemaître en 1930 y que implicaba un comienzo absoluto del universo, fue ridiculizada y enterrada hasta que, por pura casualidad, surgieron pruebas irrefutables que la confirmaron de forma indiscutible (Penzias y Wilson, 1963).

 

La tercera convulsión: el ´fine tuning´ del universo

Poco después, a mediados de la década de 1960, se descubrió el ajuste fino del universo, una tercera conmoción tan notable que el astrofísico materialista Fred Hoyle cambió públicamente su postura y reconoció la necesidad de un Creador.

La cuarta conmoción: el ADN y la complejidad de la vida

La cuarta conmoción fue el descubrimiento del ADN y la asombrosa complejidad de la vida misma (Watson y Crick, 1953). Esta revelación llevó al abandono de la idea de Darwin de que la primera célula viva podría haber surgido por casualidad en un pequeño estanque cálido al pie de un volcán y que el hombre desciende del mono. Esta complejidad era inimaginable: la densidad informativa del ADN es miles de millones de veces mayor que la de un teléfono móvil moderno, un dispositivo que nadie imagina que pueda aparecer por accidente en un estanque de agua caliente.

En Occidente, los científicos materialistas propusieron una serie de nuevas teorías para escapar de las implicaciones de estos descubrimientos, pero la mayoría acabaron demostrándose falsas.

La paradoja del materialismo moribundo

https://thinktanklatam.org/la-infiltracion-ideologica-en-la-universidad/

Así, en menos de un siglo, el materialismo, que nunca fue más que una creencia entre otras, se ha convertido en un credo irracional. Sin embargo, es probable que pocos renuncien a él, ya que el materialismo sigue siendo el credo más adecuado para aquellos que, como George Wald, no quieren reconocer ningún límite a su libertad, y menos aún a la libertad de decidir por sí mismos lo que es bueno y lo que es malo. Si bien está en retirada, el materialismo de estilo marxista sigue inspirando hoy, tristemente, las ideologías WOKE. Sus frutos son horrorosos y se están rechazando en todo el mundo

Conclusión

https://thinktanklatam.org/el-resurgimiento-de-la-fe-en-occidente/

Sin embargo, la historia tiene su propia ironía. La misma ciencia que en su día trató de destronar al Creador ha trazado ahora el contorno de Su mano. El materialismo, nacido del triunfo de la razón, termina en la irracionalidad; la fe, descartada como superstición, reaparece como condición del asombro.

El círculo se ha cerrado y la pregunta con la que comenzó la modernidad vuelve con renovada fuerza: no si Dios existe, sino cuánto tiempo puede vivir el hombre como si no existiera.

 

 

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