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Porqué arde Europa
Peter Kopa, Praga, 5.11.2026

https://www.youtube.com/watch?v=V0Qc9f9qWZg

Resumo y comento abajo una nota recibida de Malte Fischer, redactor de la sección económica de la Neue Zuercher Zeitung para Alemania.
https://thinktanklatam.org/union-explosiva-del-islam-con-la-izquierda/

Alemania en shock

Los disturbios en Francia pasaron a Alemania: contenedores de basura en llamas, tiendas saqueadas y policías heridos: las manifestaciones de la Generación Z, que habían comenzado de forma pacífica el sábado 28.11. por la tarde, terminaron en la noche del sábado al domingo tal y como temían los críticos: en una orgía de violencia.

Al amparo de la oscuridad, una turba violenta, que había acaparado las protestas estudiantiles, dio rienda suelta a su furia ciega y destructiva. La violencia fue especialmente intensa en Fráncfort. Pero también se produjeron disturbios violentos en otras grandes ciudades alemanas como Berlín, Colonia y Stuttgart.

Lo que ocurrió en las grandes ciudades alemanas no fue una descarga repentina de exceso de testosterona impulsada por la imprudencia juvenil. Se trató, más bien, de ataques planificados con mucha antelación contra el orden social occidental. Para ello se mantienen miles de activistas profesionales. Dominan la estrategia del acaparamiento de una demostración no violenta, para transformarla en un terrorismo de destrozos y llamas, aprovechando los ánimos exacerbados y a la vez reprimidos, de la gente inicialmente no violenta.

¿Pero quién mueve los hilos de esta manipulación? La gran sospecha cae sobre los globalistas de la Agenda 2030, que quieren arrasar con el actual orden mundial. Es difícil no ver paralelismos con la pandemia del Covid 19, el movimiento WOKE etc. A través de la corrupción, sobre todo los países líderes se han dejado caer en las garras de quien los manipula a discreción.

Los excesos de violencia fueron perpetrados por «grupos de izquierda y alborotadores procedentes del entorno migratorio», https://thinktanklatam.org/alianza-de-islamistas-con-la-izquierda/, como reconoció abiertamente el ministro federal del Interior, Alexander Dobrindt. Con ello se refería a los dos mayores retos a los que se enfrenta la sociedad alemana, más allá del progresivo declive de su capacidad económica: las sociedades paralelas de origen migratorio y el anticapitalismo de izquierda. Ambos se han aliado en la lucha contra la sociedad occidental; a ambos les une el odio hacia la tradición cristiano-occidental y el orden económico capitalista.

Los frutos amargos del movimiento del 68

Las violencias de estilo terrorista son la consecuencia de una constante formación de tinte marxista en el sector educativo. Los extremistas de izquierda son los hijos y nietos descarriados del movimiento del 68. La mentalidad anticapitalista les fue inculcada, por así decirlo, desde la cuna: en la escuela, en las universidades, en las iglesias y en los medios de comunicación, donde los del 68, tras su exitosa marcha a través de las instituciones, llevan décadas ejerciendo el monopolio de la interpretación que fue empujando a la gente joven a una visión deformada de la realidad a través del prisma marxista.

El odio de los inmigrantes, propensos a la violencia, contra el sistema occidental —aunque precisamente en Alemania, les ofrece una generosa garantía de subsistencia, incluso sin esfuerzo propio— se alimenta de una mezcla de aspiraciones de dominio religioso, una visión premoderna y de la incapacidad de integración lingüística y de cualificación laboral.

Crímenes contra la propiedad

Nada ilustra mejor el odio hacia la sociedad capitalista occidental que la violencia desenfrenada contra la propiedad privada, cuyas consecuencias pueden observarse en los cristales destrozados y las tiendas saqueadas. Y es que la propiedad privada es el elemento constitutivo fundamental del orden económico capitalista. Quien la destruye, derriba el capitalismo. Este término tiene una connotación negativa y aquí lo empleamos como el sistema de la economía libre, sujeta a limitaciones legales que impiden sus posibles abusos.

En las salas de los grupos parlamentarios de la Cámara de Diputados de Berlín, los ataques contra la propiedad privada se están preparando estas semanas de una manera más sutil, pero en absoluto menos peligrosa. Allí, el partido Die Linke (La Izquierda), estrecha vínculos tanto con el extremismo de izquierda como con los círculos de la delincuencia organizada relacionados con la inmigración, aspirando a formar un gobierno de coalición con el SPD y los Verdes. Una de sus principales prioridades: la expropiación de las grandes empresas inmobiliarias privadas.

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La lucha por mejores ideas y valores

El Estado de derecho, que se basa únicamente en la fuerza de sus disposiciones legales, debe contar, por tanto, con el apoyo de los políticos y los ciudadanos, si la sociedad occidental quiere resistir el embate de sus enemigos. Se requieren dos cosas. En primer lugar, los políticos deben lograr el control de la situación.

En segundo lugar, la clase media debe emprender la lucha cultural contra el anticapitalismo de izquierdas. Esta lucha ya comienza en las escuelas, donde el espíritu emprendedor y el capitalismo suelen tacharse como formas pérfidas de explotación. La lucha contra el anticapitalismo requiere perseverancia. Y es que debe basarse en la información y en el valor de las mejores ideas. Sin un retorno a la cultura cristiana no hay alternativas válidas: es lo que dio grandeza a Occidente: https://thinktanklatam.org/la-iglesia-catolica-y-la-grandeza-de-occidente/

Este ´Kulturkampf´ vale la pena la pena librarlo. Porque son el capitalismo, los valores burgueses y la idea de libertad los que sustentan la prosperidad de Occidente, inspirada en la visión cristiana del hombre. Parte importante de esta lucha es reconocer el gran error histórico del capitalismo que no ha perseguido, tantas veces, el bienestar de la gente asalariada, al amparo de una concepción de libertad económica errónea.

 

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