Visión histórica del momento actual
Peter Kopa, Praga, 1.12.2025
https://www.youtube.com/watch?v=rCrASZ2zd8c
¿Dónde estamos?
Las guerras y convulsiones del siglo pasado y la crisis mundial actual plantean la interrogante siguiente: qué pasa con el mundo, porqué tantas injusticias y conflictos, ¿estamos ante el fin del mundo? Para responder a estas preocupaciones hace falta conocer la historia lejana y próxima, porque ayuda a comprender lo que está pasando hoy. Lamentablemente, el estudio de la historia fue muy descuidada en la escuela, por lo que ahora hace falta un análisis global de la historia.
El que no tiene la visión histórica del momento actual es como un náufrago perdido en el mar, que no puede orientarse para alcanzar la tierra firme más cercana. El sol y las estrellas pueden ser ocultadas por las nubes de tantos falsos profetas. Por tanto, hace falta algo que indique dónde está el norte.
En nuestra cultura cristiana tenemos una brújula que ha dado grandeza a Occidente, que es la revelación divina progresiva en el antiguo y en el nuevo Testamento. Esta orientación permite comprender los acontecimientos desde una perspectiva óptima y objetiva, tanto el macrocosmos como el microcosmos de la vida individual.
Entre ambos cosmos hay un paralelismo y una interconexión evidente, porque los protagonistas de los grandes movimientos son siempre, en último análisis, los individuos, con su carga de vicios y virtudes. Es más, las grandes transmutaciones (el movimiento de los pueblos, las guerras, la colonización, la manipulación digital de las masas, la ciencia y la técnica etc.) son una proyección de decisiones personales, tanto para el bien como para el mal, que sólo aparentemente es más dominante.
https://www.youtube.com/watch?v=Pvv8i-JEbr0.
¿Es linear el devenir histórico?
El paradigma del pueblo hebreo ayuda a responder esta cuestión. Dios avanza en su obra redentora no a través de la estabilidad humana, sino a través de disrupciones que mueve al pueblo una y otra vez a la conversión renovadora, después de haber caído en la infidelidad. La Biblia presenta la fe como algo que surge del esfuerzo. La matriz de fondo de las Escrituras es que Dios interviene en la historia de forma inesperada y redirige a las personas a su bien, mediante sucesivas conversiones, hacia el fin determinado por El para su salvación.
Estos jalones disruptivos tienen, por tanto, un sentido que sólo puede ser captados desde la visión de fe, lo cual a su vez es el fundamento de una esperanza contraria a un destino fatal, oscuro y ciego. Esta actitud ha sido y es la quintaesencia del cristianismo: que lo malo es el punto de arranque de algo mejor. Así, el ejemplo más espectacular y trascendente ha sido el sacrificio de Cristo, que trajo tanto bien a todos los que han creído y creen en El.
Cada mal (guerras, injusticias, persecución de cristianos, manipulación digital y afán de instaurar un nuevo orden mundial) ha traído y traerá bienes inesperados. Pero este proceso puede durar más de cien años, mientras las personas esperan que su consumación tiene que cumplirse durante su vida. Y así, personas sin la esperanza de la fe creen que el mundo se dirige a un destino fatal y oscuro. Por esto, precisamente, es tan malo el materialismo, ya sea comunista o nazista, inspirando hoy las excogitaciones ideológicas falsas de los globalistas de la Agenda Davos 2030.
En este patrón ondulatorio del devenir histórico cabe también incluir las ciencias y la técnica, que a su modo también han creado disrupciones constructivas. Basta pensar en la mecanización de la agricultura y en el industrialismo, que ha ocasionados grandes crisis sociales de reubicación y concentración de las personas en torno a los nuevos complejos industriales. Igualmente cabe ver así. A manera de ejemplo, la medicina y la higiene, que han disparado el crecimiento demográfico. Hoy tenemos delante el desafío del materialismo, de la inteligencia artificial y una gestión política abusiva y tantas veces corrupta, en gran parte de las naciones.
Irrupciones de lo divino
Esta cosmovisión cristiana forma un tipo de persona que ninguna otra cultura ha producido. A diferencia de imperios, que nacen y mueren, (https://thinktanklatam.org/the-transmutation-of-the-world-order/)la Iglesia está creciendo continuamente desde la resurrección de Cristo: Cuando Dios llama a Abraham a dejar todo lo que le es familiar, altera una vida predecible. Abraham respondió no por instinto cultural, sino porque Dios ya le había revelado Sus promesas; su obediencia fluyó de la fe en la palabra de Dios.
Este patrón en las Escrituras se convierte en el prisma a través del cual podemos comprender nuestro propio momento cultural. Vemos la misma dinámica desarrollándose en nuestro mundo actual. Es importante distinguir la moralidad cultural de la fe bíblica genuina. Sólo la iglesia, el pueblo redimido por Dios, es la comunidad de la Nueva Alianza que en la historia ha demostrado ser fiel a su propia identidad, basada en una fe esencialmente inmutable que permite la visión histórica correcta del momento actual.
En nuestros días estamos asistiendo a un retorno a la fe en todo el mundo, sobre todo en los países líderes, revirtiendo el proceso del apartamiento de la fe en Dios: https://thinktanklatam.org/habla-la-burra-de-balaam/. Todo apunta a que la actual caducidad del materialismo cultural será superado definitivamente con el retorno a un nuevo orden mundial cristiano.
Recomienzo
Para ver cómo Dios se enfrenta a las suposiciones erróneas, las Escrituras nos dan un ejemplo definitivo. El sacrificio de Isaac revela cómo Dios trata a los sistemas quebrantados. Abraham sube a la montaña llevando consigo la lógica de todas las religiones que ha conocido: la creencia de que los dioses exigen sangre. Pero cuando Dios detiene el sacrificio, no solo está salvando a Isaac, sino que está derribando todo el fundamento religioso del mundo antiguo. Aquí, Dios se muestra como el autor de la vida, no como un verdugo de ella. Estamos ante un reinicio moral y una ante una revelación de un Dios que levanta lo caído por puro amor.
Segunda Crónicas 7:14 dice: «Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y busca mi rostro y se aparta de sus malos caminos, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y sanaré su tierra».
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Este artículo está inspirado en una disertación del Prof. Tim Orr, inluencer australiano de gran importancia.