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El colapso de la Iglesia Anglicana

 

El colapso de la Iglesia Anglicana
Peter Kopa, Praga, 6.8.2026
https://www.youtube.com/watch?v=Nf8RxFApxe8&t=94

Introducción

Sigue abajo la transcripción resumida, en seis páginas, del discurso de Constantino de Miguel, en las redes sociales, el 27.3.2026, con algunas ampliaciones mías en cursiva y con la introducción de subtítulos.

Por las circunstancias históricas del caso, se entiende mejor por qué la Masonería se haya organizado mundialmente desde Inglaterra. Igualmente se comprende mejor el mesianismo hegemónico de USA, ya que el Reino Unido es la potencia mundial que más influyó en la mentalidad de los gobernantes norteamericanos. Por otra parte, hay que reconocer el lado bueno de la colonización inglesa en el mundo.

El nombramiento de Sara Mulali como arzobispo de Canterbury

Este evento no es el hito de un progreso que nos intenta colar la propaganda oficial, sino que más bien supone la rendición incondicional de una Iglesia que siempre se arrodilló ante el Estado para servir de fachada moral a un sistema que se lucra con la ingeniería social, mientras que el Reino Unido se desmorona bajo una islamización imparable. Al colocar en la sede de San Agustín a una mujer que abandera el ala más radical y woke de esa iglesia, asistimos al suicidio espiritual de una nación que prefiere la complicidad con las élites de la City antes que la defensa de la verdad ante los desafíos del siglo XXI

Al lado de la islamización es más importante el actual retorno a la Iglesia Católica, sobre todo entre el clero anglicano, los intelectuales y la gente joven: donde abundó el pecado sobreabundó la gracia. https://www.youtube.com/watch?v=_YV0F7f02IQ

 

¿Se cruzó el punto de no retorno?

Inglaterra ya no busca el liderazgo moral, sino la asimilación con la corriente progresista WOKE, a fin de mantener su estatus oficial y su puesto en la cámara de los Lores. Para entender cómo una institución nacida del capricho de un monarca criminal ha llegado a este punto de rendición cultural es necesario desgranar su historia de encubrimientos junto a su papel en el imperialismo más rapaz del mundo.

La iglesia anglicana es única en la cristiandad por sus orígenes, ya que no nació de una revelación mística ni tampoco de un debate teológico profundo, sino de la voluntad o más bien el capricho de un déspota. El rey Enrique VII promulgó el Acta de Supremacía en el año de 1534 para romper con Roma, no por convicción doctrinal, sino por la urgencia de un monarca adúltero deseando anular su matrimonio con Catalina de Aragón para desposar a Ana Bolena. Es importante recordar que el Papa lo había nombrado Defensor de la Fe, poco antes, por su defensa de los sacramentos frente a Martín Lutero.

La Inglaterra de inicios del siglo X era una de las naciones más fervientemente católicas de Europa, que se conocía devocionalmente como la Dote de María. Sin embargo, esta ruptura no fue más que la demolición sangrienta de una tradición milenaria para saciar los bajos instintos de un monarca criminal que antepuso su lujuria al destino espiritual de su pueblo. Hombres como Santo Tomás Moro y el obispo Juan Fisher se plantaron contra la maquinaria del absolutismo real y lo pagaron con sus vidas. Su martirio en la Torre de Londres fue un grito por la libertad de la Iglesia Universal frente a la tiranía monárquica.

ˇUn Hombre para la Eternidad ´es una película sobre la fidelidad de Tomás Moro a la Iglesia Católica. Obtuvo 6 premios Óscar y fue uno de los grandes éxitos en 1966, muy reconocida dentro de la industria de Hollywood, aunque producida en el Reino Unido.

La infiltración de las corrientes protestantes, liderada por personajes como Thomas Cranmer sirvió de coartada teológica para convertir un simple lío de faldas en un cisma irreversible. Esta ruptura con Roma se transformó pronto en el motor de una guerra total contra la España católica de Felipe II.

Decadencia moral
https://www.youtube.com/watch?v=i2t0b6ZVO2A

El anglicanismo nació, así como un arma nacionalista que justificó moralmente el saqueo y la piratería contra los barcos y territorios españoles. Al final, la Iglesia de Inglaterra logró su verdadero objetivo, que fue anular cualquier contrapeso moral frente al Estado mediante una doctrina religiosa que siempre ha sabido plegarse a los deseos y caprichos de la corona o del Parlamento. Este pecado fundacional fue un asalto económico masivo y un desmantelamiento social sin precedentes que ocurrió entre los años de 1536 y 1541.

Bajo la dirección de Thomas Cronwell, la Corona llevó a cabo la disolución de los monasterios y confiscó las tierras y riquezas que la Iglesia Católica había acumulado durante 1000 años. Este expolio financió las guerras de Enrique VII y creó una nueva aristocracia cuya riqueza dependía directamente del cisma, lo que blindó políticamente la reforma anglicana ante cualquier intento de retorno al catolicismo.

La disolución supuso también la destrucción del sistema de bienestar social, ya que los monasterios mantenían los hospitales y las escuelas. Al cerrarlos, la corona dejó un vacío que sumió a gran parte de la población inglesa en la indigencia y provocó levantamientos populares como la peregrinación de gracia en el año de 1536, que fue aplastada brutalmente.

 

El estilo predador de la colonización inglesa

Esta experiencia sirvió de laboratorio para lo que vendría después en América, Asia y África, con una Iglesia Anglicana que bendecía la extracción de recursos y la subyugación de pueblos bajo la premisa de una supuesta misión civilizadora en beneficio de la City de Londres. La conexión financiera de la Iglesia Anglicana con la esclavitud es directa e indiscutible a través del fondo Queen and Bounty, creado originalmente para aumentar los ingresos del clero y que hoy forma parte de los actuales comisionados de la Iglesia Anglicana que gestionan su fortuna.

Este fondo institucional inyectó capital de forma masiva en la South Sea Company, que basaba su rentabilidad en el transporte de decenas de miles de africanos esclavizados en condiciones de absoluta pesadilla. De este modo, la Iglesia Anglicana no solo dio su bendición espiritual al tráfico de seres humanos, sino que actuó como un socio capitalista y actor corporativo de primer orden en el mercado negrero de la época.

En las plantaciones de Codrington en Barbados, la Iglesia anglicana poseía esclavos y marcaba a fuego el pecho de los hombres y mujeres con la palabra ´society´ para fusionar el nombre de Cristo con la propiedad humana. Para mantener este sistema, la Iglesia perfeccionó herramientas de manipulación como la Biblia de los esclavos, editada en el año 1807. Esta versión censurada eliminaba el 90% del Antiguo Testamento, incluyendo el éxodo y cualquier mención a la liberación del cautiverio.

El anglicanismo se transformó en una tecnología de control social que predicaba la sumisión en la Tierra a cambio de una recompensa en un cielo que la propia institución ayudaba a censurar. El encubrimiento es un hilo conductor que une el pasado colonial de la Iglesia Anglicana con los escándalos sexuales de su jerarquía actual.

 

El colapso final

El colapso definitivo llegó en noviembre de 2024 con la dimisión forzada del arzobispo de Canterbury, Justin Welby, tras la publicación del demoledor informe Makin. Este documento sacó a la luz la impunidad de John Smith, un influyente abogado vinculado a la iglesia que abusó sistemáticamente de más de 100 jóvenes durante décadas. Lo más infame es que los obispos conocían estos delitos y prefirieron facilitar su ida al extranjero antes que alertar a la policía. Esta red de protección resultó ser una práctica sistémica confirmada por la gran investigación independiente sobre el abuso sexual infantil en el Reino Unido.

La Iglesia Anglicana sacrificó la vida de las víctimas para salvar su propia reputación entre los años 1940 y 2018, demostrando que su pragmatismo frío sigue poniendo la supervivencia de la institución por encima de cualquier principio moral. El ascenso de Sara Mulali al cargo de arzobispo de Canterbury representa la culminación de un proceso de mundanización interna. Su perfil profesional profundamente inmerso en la burocracia estatal del Reino Unido, simboliza el cambio de una iglesia que ha dejado de aspirar a la eternidad para centrarse más bien en la gestión de lo temporal.

Mientras Mulali lidera una iglesia nacional cuya importancia va mermando cada día en el Reino Unido, el centro de gravedad del anglicanismo se ha desplazado hacia el sur global. Sin embargo, también allí el anglicanismo se bate en retirada. El movimiento conocido como Gafcon, que agrupa a más de 50 millones de anglicanos en África y Asia, ha roto formalmente con Canterbury.

Acusan a la Iglesia de Inglaterra de ejercer un colonialismo teológico inverso al intentar exportar una ideología liberal que las provincias africanas rechazan por considerarla contraria a la fe. El punto más crítico de esta deriva es el cambio de postura respecto a la eutanasia y el suicidio asistido. Al autorizar estas prácticas, la Iglesia Anglicana ha dinamitado el último puente que la unía a la tradición cristiana histórica y se ha alineado con las políticas del Estado, donde la vida humana se evalúa bajo criterios de mera utilidad. Este giro ocurre mientras el Reino Unido asiste a un crecimiento impresionante del islam que proyecta una firmeza doctrinal de la que el anglicanismo carece. Entronizar a una mujer como arzobispo, que antepone la agenda woke a la fe cristiana, es una claudicación definitiva. El Reino Unido ha cruzado una línea roja. Su identidad occidental se desintegra para ser sustituida por el avance imparable de la religión musulmana.

Sin embargo, hay entre los musulmanes un movimiento de conversión a la fe cristiana, como también entre los intelectuales y el clero anglicano.

El anglicanismo funciona hoy como un pararrayos moral que permite al poder político gozar de legitimidad sin exigencias éticas. Su utilidad reside en absorber la culpa histórica mediante actos de arrepentimiento que no implican un verdadero cambio de rumbo. Al ser una iglesia establecida, permite al Estado británico externalizar su conciencia ética y evitar conflictos reales entre el poder civil y el religioso. Hoy el anglicanismo es una religión de estética y protocolo que sirve para dar esplendor a los actos de estado mientras mantiene una ilusión de continuidad en una nación fracturada.

Al carecer de una autoridad central sólida y depender del Parlamento, la Iglesia de Inglaterra no tiene fuerza para oponerse a ninguna deriva ideológica. Es una institución que proporciona una muerte digna a la fe cristiana al transformarse en una capellanía nacional para el secularismo. Al abrazar la inclusión como dogma principal, ha dejado de ser una brújula espiritual para convertirse en un espejo del estado.

La Iglesia anglicana ha sobrevivido durante siglos por su utilidad para las estructuras del poder. La famosa vía media fue siempre más un pacto político que una síntesis teológica coherente. Y hoy esa ambigüedad estratégica es su sentencia de muerte. En un Reino Unido multicultural y fragmentado, una Iglesia nacional que no cree en sus propios dogmas ha perdido su razón de ser.

El colapso es total porque es interno. El nombramiento de Sara Mulali en Canterbury y la claudicación ante temas como la eutanasia son los últimos estertores de una institución que ha decidido suicidarse espiritualmente.

Si su primer acto fue un divorcio político de Roma para satisfacer a un rey, su acto final puede ser un segundo divorcio con sus propias raíces bíblicas. La Iglesia de Inglaterra está firmando su separación final de la historia y de cualquier autoridad moral en un siglo que exige verdades firmes y el fin de la tibieza y la equidistancia.

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