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Cien años de lucha ideológica

 

Cien años de lucha ideológica
Peter Kopa, Praga 24.4.2026

https://www.youtube.com/watch?v=sHkjW6fJEpQ

En esta aportación veremos cómo siete pensadores han llegado a cambiar al mundo con sus teorías ideológicas malas.

Tras el éxito de la Revolución bolchevique en Rusia (1917), los intentos revolucionarios en Alemania, Francia, Italia y Reino Unido fracasaron. El video de arriba explica cómo la Escuela de Frankfurt transformó el marxismo económico fracasado en un marxismo cultural que, en vez de tomar el poder por la fuerza, ejerció una influencia lamentable en las universidades, en los medios, en el arte y en la política.

En 1923 se funda en Frankfurt el Instituto de Investigación Social, financiado por un millonario comunista, con un objetivo declaradamente marxista: entender por qué falló la revolución marxista en Occidente y diseñar una nueva estrategia. Los seis intelectuales que idearon esta estrategia son: Max Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse, Erich Fromm, Wilhelm Reich y Walter Benjamín. Sigue un breve resumen de sus falsas ideologías:

Horkheimer y Adorno dirigen el Instituto, fusionando a Marx con Freud y concluyen que el capitalismo no solo explota económicamente, sino que domina culturalmente mediante familia, moral sexual, religión, educación y arte. Proponen que, si el problema es cultural, la solución ha de ser una revolución cultural gradual: capturar universidades, medios, educación y el Arte para inculcar en la conciencia los valores marxistas

En el exilio, en Estados Unidos, refinan la “teoría crítica”, como un método que critica de todas las instituciones occidentales (opresión, dominación, injusticia) sin ofrecer alternativas constructivas. En la “Dialéctica de la Ilustración” sostienen, sin demostrarlo, que la razón, la ciencia y el progreso occidentales no liberan, sino que son formas sofisticadas de dominio.

Herbert Marcuse: En “Eros y civilización” argumenta que la represión sexual sostiene al capitalismo; la familia tradicional y la moral sexual cristiana serían mecanismos para producir trabajadores obedientes. Propone la “liberación sexual total” y la destrucción de la familia como vía de liberación; esta ideología fue la base de la revolución sexual de los 60 y de la actual ideología de género. En los años 60 se convierte en referente de la nueva izquierda en universidades como Columbia, Harvard y especialmente Berkeley.

Considera que el proletariado occidental es conservador y contrario a la revolución marxista. Por esta razón desplaza la revolución hacia minorías raciales, estudiantes, feministas, como expresiones de una contracultura, lanzando así la política de identidad y el victimismo como virtud.

Erich Fromm: Desarrolla un psicoanálisis marxista donde el capitalismo genera una “personalidad autoritaria” y cualquier defensa de autoridad, jerarquía o tradición la asocia al fascismo.

Wilhelm Reich: Sostiene que la represión sexual produce fascismo y que la familia monógama es la célula del Estado fascista; tuvo una gran influencia en la contracultura de los 60.

Walter Benjamín: Dice que el arte tradicional y el “aura” de una obra de Arte única son elitistas; propone un arte reproducible, politizado y activista, presentándolo como el origen del arte contemporáneo centrado en la provocación y en la fealdad.

Del laboratorio ideológico a la alienación cultural.

Tras el cierre del Instituto en 1933, con la llegada de Hitler al poder, estos pensadores se exilian a Estados Unidos y se vinculan con Columbia y otras universidades, donde se consolida la teoría crítica. Después de la guerra, Horkheimer y Adorno regresan a Alemania, pero Marcuse se queda en EE. UU. y se convierte en la figura central de la nueva izquierda universitaria.

En 1967, el líder estudiantil Rudi Dutschke formula la “larga marcha por las instituciones”: propugna no tomar el poder por la fuerza, sino infiltrándolo, y transformar desde dentro las universidades, medios, educación, cultura y el mismo gobierno. Las protestas estudiantiles de 1968 (París, Berkeley, Berlín, Londres) han sido la consecuencia de veinte años de adoctrinamiento en teoría crítica. No cabe verlo como estallidos o manifestaciones espontáneas.

El feminismo de la segunda ola, revolución sexual, antipsiquiatría y arte contemporáneo se encuadran en las ideologías de la Escuela de Frankfurt: la familia como opresión patriarcal, moral sexual como represión, enfermedad mental como construcción social y el arte clásico como elitista.

Fusión con el posmodernismo y nacimiento del “wokismo”
https://thinktanklatam.org/la-infiltracion-woke-i/

En los años 80 y 90 las ideas de Frankfurt se fusionan con el posmodernismo francés (Foucault, Derrida, Lyotard): todo conocimiento es poder, todo significado es inestable y toda gran narrativa es opresiva. Esta combinación genera, según el video, un “cóctel ideológico letal” donde no hay verdad ni naturaleza humana y todo es construcción social a destruir si se percibe como opresivo.

De aquí surge la Critical Race Theory (Derrick Bell, Kimberlé Crenshaw), que ve la sociedad estadounidense estructuralmente racista y plantea la discriminación inversa y la “deconstrucción de la blancura”. En esta floración ideológica sin bases científicas aparecen los estudios de género (Judith Butler), como construcciones performativas. Los estudios poscoloniales (Edward Said), presentan la cultura occidental como un imperialismo vergonzoso y permanentes de Occidente.

La base de estas falsedades es la teoría crítica: identificar opresión, criticar sin construir, destruir normas tradicionales, dar autoridad moral absoluta a las víctimas y convertir la política de identidad en el eje central.

Wokismo contemporáneo y lectura de Scruton

https://www.youtube.com/watch?v=Vh8YWYzmfb4&t=39s&pp

El “wokismo” es la teoría crítica difundida masivamente por redes sociales: es la el caldo de cultivo ideológico de la Escuela de Frankfurt con tecnología del siglo XXI. Los efectos de la dialéctica marxista son un escándalo: entre 70 y 80% del profesorado universitario ha sido de izquierda progresista y las humanidades están todavía impregnadas de la teoría crítica. Las corporaciones tienden a adoptar la diversidad, equidad e inclusión como el lenguaje ideológico de Frankfurt aplicado a la empresa. Gobiernos y medios utilizan políticas de identidad, cuotas, discriminación inversa y el periodismo activista se mueve en estas aguass. https://www.youtube.com/watch?v=how23YO8vgM

Roger Scruton es el gran crítico británico que vio esta evolución antes que nadie, especialmente en su libro “Thinkers of the New Left”, y fue cancelado por denunciarlo. El “marxismo cultural” no es, por tanto, una teoría conspirativa, sino una historia documentada con nombres, fechas, instituciones, textos y una estrategia: la larga marcha para copar las instituciones y la cancelación de los valores tradicionales que desembocó en el wokismo actual. https://www.youtube.com/watch?v=

El marxismo cultural ha logrado difundirse porque se aprovecha de las tendencias bajas del hombre, más aún si no ha tenido familia que le hubiese dado una formación en las virtudes y en la fe. Es evidente que las enseñanzas tradicionales de los siete pecados capitales (vanagloria y soberbia, avaricia, glotonería, lujuria, envidia, ira y pereza) hacen ver que las ideologías derivadas del marxismo cobran su fuerza aparente de esas bajezas humanas. Así se justifican los crímenes comunistas y nazistas, el delito de provocación al amor libre, la cancelación de la familia etc. Sin embargo, este engaño está llegando a su fin porque los hombres pueden ser tontos, pero no más de cien años.

Todo este proceso nos muestra la importancia enorme que tienen las universidades y los profesores e intelectuales, sobre todo en el terreno de las humanidades. Pero si no parten de las premisas de los grandes filósofos griegos y judeo-cristianos, acabarán cayendo ante las seducciones ideológicas condimentadas por las bajezas humanas. Es interesante comprobar que la derecha siempre ha producido y construido, y la izquierda siempre ha repartido y destruido.

 

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