Penetración del Islam en Europa
Peter Kopa, Praga,
https://www.youtube.com/watch?
Comentarios previos
Hace algunos aňos hemos escrito sobre el islam: https://thinktanklatam.org/union-explosiva-del-islam-con-la-izquierda/
Lo que sigue a continuación es paralelamente aplicable a muchas ciudades en Europa y demás países de la OCDE. Aquí se impone la gran interrogante: ¿por qué la inmigración islámica es rechazada en los países islámicos en el Oriente Medio, que se supone deberían compartir su riqueza con sus hermanos en la misma fe? Esto se explica considerando que en la cultura islámica no existe el principio cristiano de ayuda al necesitado, ni de la misericordia hacia creyentes o paganos. Otro punto de vista es que el flujo migratorio iniciado en 2015 ha sido organizado discretamente por los globalistas de la Agenda 2030, como arma demográfica para destruir la cultura cristiana. https://www.youtube.com/shorts/U-jWfgvgcWY
Sin embargo, la fe islámica y su práctica está en crisis en todos los países árabes debido al impacto de los medios digitales, que presentan una apertura a la libertad y un modo de vivir que arrasa con sus costumbres casi inhumanas. Es decir, el impacto del Occidente cristiano en el Islam es mayor que lo contrario: hay muchas conversiones a la fe cristiana y la gran mayoría de los inmigrantes islámicos prefieren la tranquilidad y disfrutar de un estilo de vida europeo. Su alta natalidad está cayendo. Los que agitan las aguas y marcan la presencia del Islam son los pocos cabecillas islámicos que tienden a radicalizarse hasta el punto de sentirse legitimados a aterrorizar y a matar a los que les ayudan en Europa.
Otro aspecto del problema son los sesenta millones de niños que no han nacido en Europa, en los últimos 70 años, debido a los anticonceptivos y al aborto. Esta tragedia ha sido y es indirectamente una votación mucho más incisiva que las elecciones democráticas, que ha volcado la balanza hacia el socialismo. Esta herida sangrante y esta falta de reposición demográfica es la causa profunda de muchísimos males y problemas.
Si los sesenta millones de niňos hubiesen nacido, no se hubiese producido el gran flujo migratorio musulmán a Europa, motivado en parte por la necesidad de mano de obra, especialmente en Alemania. Pero simultáneamente ha sido organizada como arma demográfica por el gobierno profundo, donde una de sus manifestaciones públicas es la Agenda 2030 de Davos.
La creciente islamización
https://thinktanklatam.org/ambitions-for-the-establishment-of-islam/
Dado el creciente porcentaje de población musulmana en Europa, se comprende la influencia de sus costumbres. Y no hay nada que objetar a que las empresas descubran a los musulmanes como grupo de consumidores. Los calendarios del Ramadán en los supermercados tampoco son una islamización en el sentido estricto de la palabra. Porque la creciente presencia de las tradiciones islámicas en la vida cotidiana no tiene por qué ir necesariamente en detrimento del modo de vida occidental cristiano. Sin embargo, hay indicios de que algunos son inofensivos y otros menos.
Así, el islam lleva mucho tiempo influyendo en los menús alemanes. Un ejemplo es la discreta desaparición de la carne de cerdo de muchos comedores escolares. Lo mismo ocurre en muchos hoteles regentados por musulmanes, donde el tocino ha desaparecido hace tiempo en el desayuno. Y en la escuela, los musulmanes presionan a sus compañeros de clase para que ayunen al estilo islámico.
https://youtu.be/DT7pqT1HhC8
En algunas zonas de Berlín y otras grandes ciudades alemanas también es difícil conseguir una cerveza en los bares y quioscos. ¿Alcohol? Ni rastro. Por supuesto, uno puede encogerse de hombros ante esto. Al fin y al cabo, los restaurantes son libres de decidir qué ofrecen. Sin embargo, en conjunto, estas numerosas decisiones individuales tienen un impacto cultural relevante.
Más graves son, en cambio, los intentos de imponer las normas islámicas en el espacio público y de cambiar los valores alemanes. La ostentosa oración de los musulmanes ante la Puerta de Brandeburgo causó revuelo. También se multiplican los informes según los cuales los alumnos musulmanes obligan a las niñas a llevar velo o a sus compañeros a ayunar.
Por ahora se trata de gestos aislados de dominio sin mayor trascendencia. Sin embargo, están profundamente arraigados en la práctica islámica y son la norma en el mundo árabe, que siguen cada vez más musulmanes que viven en Alemania. Por lo tanto, sería sorprendente que Alemania no siguiera, con cierto retraso, el camino de Bélgica, Gran Bretaña o Francia. Allí, en las zonas habitadas mayoritariamente por musulmanes, hace tiempo que se aplican leyes islámicas. Los homosexuales que se dan la mano y los judíos con kipá evitan ir a determinadas zonas de Berlín.
Publicidad acrítica del velo
Otro ejemplo actual es la participación de Büsra Sayed y Amina Ben Bouzid en el concurso «Miss Alemania». Las dos musulmanas quieren así dar visibilidad a las mujeres que llevan velo. No hay nada en contra de su participación y su causa. El problema es cuando la prensa islamista lo celebra de forma unilateral como una expresión de empoderamiento. Sin embargo, el velo islámico es, como mínimo, ambivalente. Puede ser una expresión de una decisión madura o, todo lo contrario. Cuando esto se omite sin crítica, se refuerzan las narrativas islamistas.
El respeto excesivo de los sentimientos islámicos
Esto se basa en la problemática idea de que hay que tener especial consideración con los sentimientos de los musulmanes religiosos. Pero esta actitud permite justificar prácticamente cualquier cosa, desde la prohibición del alcohol hasta el velo o la prohibición de criticar el islam. En cualquier caso, una campaña de este tipo no encaja en una sociedad libre y pluralista, que supone un gran desafío al islam.
Además, hay que tener en cuenta que, tendencialmente, el Corán es un credo que exige que todo el mundo se someta a él, incluso mediante la fuerza. Basta fijarse cómo se ha extendido el islam en España desde el siglo VII, y en tantas otras regiones del mundo.
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Resumen comentado de un artículo sobre el tema, aparecido en la NZZ de Zúrich, el 4.3.2026.