Cómo ser feliz

Peter Kopa, Prague, 13.4.2022

Jordan Peterson   https://www.youtube.com/watch?v=UYT-dD1vN_A

Cómo ser feliz es el tema más tratado en la literatura universal y también el más trillado en la filosofía y en la antropología. Se han gastado miles de litros de tinta y a pesar de todo esto vemos que la felicidad del hombre es un gran problema y la mayoría no sabe cómo llegar a ella. Este tema lo toca también Jordan Peterson, quien nos dice que uno no puede lograr ser feliz de una forma directa, como hacer un viaje, sino que la felicidad surge como una consecuencia de un estilo de vida basado en unos valores y en unas convicciones muy profundas. La identidad del hombre:  ser o no ser

Creo que la mejor forma de abordar este tema no fácil, es simplificarlo lo más posible a la manera de una síntesis de las grandes enseñanzas que ofrece la sabiduría judeocristiana.  Se trata, en primer lugar, de partir del hecho de que el hombre busca absolutamente la felicidad y necesita los bienes, que manifiestan una ordenación jerárquica según su importancia para una vida máximamente feliz.

Los bienes materiales

En primer lugar, están los bienes materiales que el hombre necesita para poder vivir:  la alimentación, el vestido, un techo propio para sí y su familia etc. Estos bienes son más bien condiciones sin las cuales el hombre no puede vivir. Y sin embargo tienen la virtud de producirle una fuerte satisfacción, por lo que no pocos les dan excesiva importancia, creándose así el riesgo de pensar que no hay más bienes superiores. La tiranía de la meritocracia

De esta manera se confunde la condición con la causa de la felicidad. Prueba de ello es que, en condiciones extremas, el hombre es capaz de soportar hasta cierto punto la falta de estos condicionamientos previos, sobre todo si le mueve un bien superior, como el heroísmo, la fidelidad etc.  Así el hombre es capaz de sacrificarse en aras de un bien más alto, como es el amor a los hijos, la responsabilidad que llevar a cumplir compromisos (el médico, la enfermera etc.).

Los bienes superiores

Luego los bienes menos materiales: el gozo estético que ofrece el arte, la belleza cualquier cosa, la armonía, propia creatividad de algo útil o bello etcétera. Subiendo en la categoría de bienes llegamos luego a la maravilla del amor paternal y filial y a toda la escala de amores legítimos y muy distintos, como, por ejemplo, el amor a los amigos, al perro de la casa, a la ciencia, a las artes, a la naturaleza etc.  o el amor que se puede sentir hacia la propia patria, la propia región la propia cultura. Aquí vemos claramente cómo los bienes más elevados de tipo inmaterial son los que realmente comienzan a ser relevantes para la felicidad.

En el orden del amor, en su más alta realidad y expresión se llega al amor eterno y sublime que sólo puede tener lugar en la relación personal con Dios. Si el hombre logra echar raíces en esta tierra prometida, tiene asegurada la felicidad, aunque no excluya cierto sacrificio, porque para llevar una vida honesta y digna hace falta asumir el esfuerzo de la obediencia a la voluntad de Dios, siendo su parte el trabajo cotidiano y el servicio que tenemos que prestar a las personas que queremos.

Conclusiones

Si el hombre la persona no ha recibido la educación en el amor, tanto en su casa como en la escuela será muy probable que se quede detenido en los bienes de tipo material, pensando erróneamente qué son la única causa de felicidad. Este error manifiesta consecuencias terribles que todos conocemos: personas materialistas – aunque se consideren religiosas- que están encadenadas sólo a los bienes materiales. En otras palabras, están determinadas por el dinero porque con él se consiguen todos los bienes de tipo material.

La manifestación socio- cultural de esta actitud es precisamente la sociedad en la que vivimos, donde todo se mide según el criterio económico, incluso las personas y las instituciones. El hombre materialista es muy poco libre, porque vive esclavizado por las cosas y con gran peligro de caer en los lazos del alcohol,  de la pornografía y de las drogas.

Pero nunca se puede decir que una persona concreta es totalmente materialista o absolutamente espiritual. Las personas más atadas a los bienes materiales saben, porque se lo dice la propia conciencia, de que hay valores superiores que tendrían que alcanzar. Y saben que esos bienes superiores les harían felices.

El problema está en que llegar a subir a este nivel de los bienes inmateriales exige mucha formación personal y mucha valentía, para afrontar los esfuerzos que exige conquistar los bienes superiores. Para disfrutar del arte hace falta tener una sensibilidad estética que tiene que ser cultivada. Lo mismo pasa con la ascensión a los bienes máximos y absolutos que son el amor de Dios, que pueden ser alcanzados mediante esfuerzos personales y ejercicios en el trato con Dios porque es un bien oculto.

La persona que logra subir a este nivel máximo es necesariamente feliz y normalmente se manifiesta en una profunda paz interior e incluso en una alegría que trasciende a los demás. En esta situación, finalmente, el hombre saborea una amplia libertad porque no está encadenado a los bienes inferiores que muchas veces llevan consigo todo tipo de miserias morales, como, por ejemplo, la dependencia de la droga, del sexo de la pornografía o  la holganza. El Bien y el Mal II

El verbo amar se utiliza para expresar todo tipo de gustos, inclinaciones e intereses. Pero en un sentido propio, el amor sólo puede haber entre personas y nunca hacia una cosa. Si fuese realmente así, tendríamos un amor idolátrico que rebaja al hombre al nivel de su objeto amado y al mismo tiempo lo esclaviza.

 

 

 

 

How to be happy

https://www.youtube.com/watch?v=UYT-dD1vN_A

How to be happy is the most treated subject in universal literature and also the most discussed in philosophy and anthropology. Thousands of liters of ink have been spent and in spite of all this we see that human happiness is a big problem and most of us do not know how to reach it. This subject is also touched upon by Jordan Peterson, who tells us that one cannot achieve happiness in a direct way, like taking a trip, but that happiness arises as a consequence of a lifestyle based on values and very deep convictions. La identidad del hombre:  ser o no ser

I believe that the best way to approach this not easy subject is to simplify it as much as possible in the form of a synthesis of the great teachings offered by Judeo-Christian wisdom.  First of all, it is a question of starting from the fact that man absolutely seeks happiness and needs goods, which manifest a hierarchical order according to their importance for a maximally happy life.

Material goods

In the first place, there are the material goods that man needs to be able to live: food, clothing, a proper roof for himself and his family, etc. These goods are rather conditions without which man cannot live. And yet they have the virtue of producing a strong satisfaction, so that not a few give them excessive importance, thus creating the risk of thinking that there are no other superior goods. La tiranía de la meritocracia

In this way the condition is mistaken for the cause of happiness. Proof of this is that, under extreme conditions, man is capable of enduring to a certain extent the lack of these prior conditions, especially if he is moved by a higher good, such as heroism, fidelity, etc.  Thus man is capable of sacrificing himself for the sake of a higher good, such as love for his children, the responsibility to fulfill commitments (doctor, nurse, etc.).

The higher goods

Then follow the less material goods: the aesthetic joy offered by art, the beauty of anything, the harmony, the creativity of something useful or beautiful and so on. Going up in the hierarchy of goods we then reach the wonder of paternal and filial love and the whole scale of legitimate and very different loves, such as, for example, the love for friends, for the dog of the house, for science, for the arts, for nature, etc. or the love that can be felt towards one’s own country, one’s own region, one’s own culture. Here we see clearly how the higher goods of an immaterial nature are the ones that really begin to be relevant to happiness.

In the order of love, in its highest reality and expression, one arrives at the eternal and sublime love that can only take place in the personal relationship with God. If man succeeds in rooting himself in this promised land, happiness is assured, even if it does not exclude a certain sacrifice, because in order to lead an honest and dignified life it is necessary to assume the effort of obedience to the will of God, being its part the daily work and the service that we have to render to the people we love.

Conclusions

If man the person has not received education in love, both at home and at school, it will be very likely that he will remain stuck in material goods, mistakenly thinking that they are the only cause of happiness. This error manifests terrible consequences that we all know: materialistic people – even if they consider themselves religious – who are chained only to material goods. In other words, they are determined by money because with it they obtain all material goods.

The socio-cultural manifestation of this attitude is precisely the society in which we live, where everything is measured according to economic criteria, including people and institutions. The materialistic man is very little free, because he lives enslaved by things and in great danger of falling into the snares of alcohol, pornography and drugs.

But it can never be said that a particular person is totally materialistic or absolutely spiritual. People who are more attached to material goods know, because their own conscience tells them so, that there are higher values that they should reach. And they know that these superior goods would make them happy.

The problem is that to reach this level of immaterial goods requires a lot of personal formation and a lot of courage, to face the efforts required to conquer the superior goods. To enjoy art it is necessary to have an aesthetic sensibility that has to be cultivated. The same happens with the ascent to the highest and absolute goods that are the love of God, which can be reached through personal efforts and exercises in dealing with God because it is a hidden treasure.

The person who succeeds in ascending to this maximum level is necessarily happy and it usually manifests itself in a deep inner peace and even in a joy that transcends to others. In this situation, finally, man tastes a wide freedom because he is not chained to inferior goods that often carry with them all kinds of moral miseries, such as, for example, dependence on drugs, pornography, sex abuse or idleness. El Bien y el Mal II

The verb to love is used to express all kinds of tastes, inclinations and interests. But in a proper sense, love can only be between people and never towards a thing. If it were really so, we would have an idolatrous love that lowers man to the level of his beloved object and at the same time enslaves him.