Pandemias de las ideas

https://www.youtube.com/watch?v=WDpujxB6Eoc

https://www.youtube.com/watch?v=2G3MsDh2ci8&t=33s

Ofrecemos una recensión de Eduard Kaeser, Físico y Dr. en Filosofía. Trabaja como profesor y publicista independiente. En 2018, la editorial alemana Schwabe-Verlag publicó «Los Caballos de Troya de nuestro tiempo. Ensayos críticos sobre la digitalización». Un resumen de su pensamiento apareció en la Neue Zuercher Zeitung, en Zúrich, el 28.11.2020.

Comentarios introductorios de la redacción

Hay que distinguir, en el orden de las ideas, el plano de las ciencias exactas y experimentales, que, si bien pueden tener errores en algún aspecto, siempre se han superado gracias a nuevas comprobaciones. Y esto de una forma desapasionada, porque el patrón objetivo que sostiene el edificio de estos conocimientos son los objetos mismos de tales ciencias, que, mediante el principio científico de la evidencia, se han ido depurando a sí mismas, permitiendo el enorme progreso científico y tecnológico que todos agradecemos.

En cambio, el orden de las ideas filosóficas, políticas y económicas es mucho más difícil formular leyes, porque la materia tiene que ver más con el arte que con la ciencia. Así es difícil definir leyes científicas, que sean el resultado de una evidencia irrefutable, como es el caso en las ciencias exactas y experimentales, como se dice arriba. Así se entiende cómo un pueblo de altísima educación y cultura haya podido ser contaminado por la ´pandemia´ del nacismo, cuyo punto de partida ideológico es análogo al marxismo y a tantas ideologías que hoy se intentan imponer, como el genderismo, el calentamiento global, la inexistencia de la verdad, la primacía del placer, el relativismo cognoscitivo etc.

La censura que imponen las grandes redes sociales nos recuerda la escena del Quijote, donde el cura y el barbero tiran al fuego los libros que pensaban había enloquecido al hidalgo de la Mancha. Cuando una ideología se instaura en el poder político y militar, inmediatamente se impone la censura de forma ´manu militari´. Unas manifestaciones de esta actitud las vemos en las censuras de las redes sociales y en las censuras absurdas favorecidas por la UE en relación a palabras, conceptos, prohibiciones innecesarias impuestas por el coronavirus etc.


Recensión

Los pensamientos pueden ser análogamente tan contagiosos como los virus y las bacterias. Mientras que las epidemias biológicas son bastante indeseables, no se puede decir lo mismo de las epidemias intelectuales. Tomemos, por ejemplo, el Psicoanálisis:  hagamos, con total libertad de pensamiento, una consideración de fenómenos muy interesantes.

Todos somos receptivos a ciertas ideas e inmunes a otras. Una vez infectados, podemos, tras un cierto periodo de incubación, infectar a otros. Tomemos un ejemplo de principios del siglo pasado, el psicoanálisis. Es, en las mordaces palabras de Karl Kraus, la enfermedad mental que cree ser la terapia. Los escritos de Freud eran portadores de la materia infecciosa que contagió a Jung, Abraham o Ferenczi. Estos, tras un periodo de incubación, se convirtieron a su vez en huéspedes del virus psicoanalítico. En el proceso, Jung desarrolló más bien una resistencia adquirida a esta patología, mientras que la resistencia de la profesión médica vienesa correspondía probablemente a una inmunidad innata.

La historia del psicoanálisis en su primera fase se lee como la crónica de una epidemia. Se pueden decir cosas análogas sobre la mecánica de Newton, la teoría de la evolución de Darwin, la teoría de los conjuntos de Cantor, la teoría del empleo de Keynes. Y no se limitan en absoluto a la ciencia exacta, sino que se aplican también en Kant, Marx o Nietzsche. Pero, donde el proceso epidémico ha ido cambiando el mundo lo encontramos en el orden de las ideas filosóficas.

¿Qué hace que una idea sea tan virulenta? ¿Es que hay muchos «superdifusores» en ciertos círculos intelectuales? Estas indagaciones son reveladoras, porque la explicación supone mirar al progreso científico desde un punto de vista epidemiológico. La longevidad de una idea suele significar el predominio de los «mandarines» científicos y sus discípulos en cierto campo del saber, que contrarrestan la difusión de ideas alternativas y competidoras. La inmunidad de rebaño, por así decirlo, está formada por una escuela científica frente a otra. Según la famosa cita de Max Planck, las ciencias exactas avanzan de un funeral a otro. En otras palabras, las nuevas teorías a menudo sólo pueden ganar impulso cuando las eminencias de una disciplina se retiran y la inmunidad de sus ideas establecidas disminuye.

¿Cómo se comportan las malas ideas?

Hasta ahora hemos hablado de ideas buenas o neutrales. ¿Y las malas? Es decir, ciertamente podemos hablar de una «patogenicidad» de las ideas. La cuestión es de gran importancia. Vemos cómo los contenidos «contaminados» – información errónea, teorías chifladas, rumores – se propagan literalmente de forma pandémica en las redes sociales.

Hagamos una analogía aquí también. En una enfermedad pandémica, las múltiples cepas de patógenos suelen competir por el dominio y la supervivencia en una población de huéspedes. Las visiones del mundo fuera de lugar, las medias verdades y las falsedades pueden considerarse, por tanto, «patógenos» intelectuales. Están en constante competencia con las ideas «sanas». Todos compiten por la atención, es decir, buscan huéspedes contagiables. Se podría definir una población sana por el hecho de que en ella las ideas «sanas» impiden que las «patógenas» se propaguen ampliamente. Sin embargo, si la salud intelectual de una población se descompone y pierde su unidad, dividiéndose en subpoblaciones cerradas, los virus de las ideas «patógenas» pueden encontrar sus nichos en los que pueden seguir existiendo. Las redes sociales son el caldo de cultivo ideal para estas cepas de virus, fomentando así una segregación intelectual de proporciones aterradoras, sobre todo en lo que se refiere a la verdad y a los principios culturales judeo-cristianos sobre los que se ha edificado la grandeza del Occidente.

La difusión del virus de la oposición

En la actualidad, estamos infectados por el virus del complot. Y parece que su tasa de reproducción es alta, lo que hace suponer que el virus es un producto de las redes sociales. Pero es muy antiguo, porque recicla siempre el mismo patrón narrativo, que se puede condensar en una frase: las epidemias siempre tienen sus culpables.

Por ejemplo, en 1321, durante la epidemia de lepra en Francia, algunos enfermos fueron acusados de conspirar para propagar la enfermedad. En su libro «El sábado de las brujas», el historiador Carlo Ginzburg dice que los supuestos conspiradores leprosos esparcían polvos venenosos en pozos, manantiales y ríos para infectar a los sanos. Los enfermos fueron detenidos, encarcelados, torturados y quemados. Hoy tampoco hay nada nuevo bajo el sol. El patrón de la trama sobre el virus Sars-CoV-2 se ve actualizado con el PC de China, las agencias de inteligencia de EE.UU., con la Fundación Bill Gates, Big Pharma o los invasores obligatorios de Alfa Centauro, según la preferencia de cada uno.

Basuras virales

Volvamos a hacer una analogía: los excrementos de las grandes redes es un virus intelectual pandémico. Su epidemiología se basa en tres principios básicos: 1) Producir ´bullsheet´ es fácil, mientras que eliminarla es desproporcionadamente más difícil. 2) «Demostrar» las tonterías no requiere ninguna inteligencia, mientras que refutarlas requiere mucha. 3) El ´bullsheet´ viral se extiende más rápido que cualquier intento de corregirlo y refutarlo. Por lo tanto, contra los incubadores de los medios de comunicación social, no hay ninguna «vacuna» a la vista contra el ´bullsheet´.

Port tanto, hay que mirar a la situación actual con una actitud estoica. Desde su descubrimiento, los microbios han sido considerados primordialmente como «contaminación», como contaminantes y portadores de gérmenes del mal: una suciedad biológica que debe ser eliminada. Lo mismo puede decirse de la suciedad intelectual, de las tonterías. El estoicismo ahora significa comprender la enorme trascendencia actual de la tarea educativa y cultural.

 

 

 

 

 

Pandemics of ideas

https://www.youtube.com/watch?v=WDpujxB6Eoc

https://www.youtube.com/watch?v=2G3MsDh2ci8&t=33s

We offer a review by Eduard Kaeser, Physicist and Dr. in Philosophy. He works as a freelance lecturer and publicist. In 2018, the German publisher Schwabe-Verlag published «The Trojan Horses of Our Time. Critical Essays on Digitalization.» A summary of his thoughts appeared in the Neue Zuercher Zeitung, Zurich, 28.11.2020.

Introductory remarks by the editor

One must distinguish, in the order of ideas, the plane of the exact and experimental sciences, which, although they may have errors in some respect, have always been overcome by new verifications. And this in a dispassionate way, because the objective standard that supports the edifice of this knowledge is the very objects of these sciences, which, through the scientific principle of evidence, have been purifying themselves, allowing the enormous scientific and technological progress that we are all grateful for.

On the other hand, in the order of philosophical, political and economic ideas is much more difficult to formulate laws, because the matter has more to do with art than with science. Thus it is difficult to define scientific laws, which are the result of irrefutable evidence, as is the case in the exact and experimental sciences, as stated above. Thus it is understandable how a highly educated and cultured people could have been contaminated by the ‘pandemic’ of Nazism, whose ideological starting point is analogous to Marxism and to so many ideologies that today are trying to impose, such as genderism, the non-existence of truth, the primacy of pleasure, etc.

The censorship imposed by the large social networks reminds us of the scene in Don Quixote, where the priest and the barber throw into the fire the books that they thought had driven the nobleman of La Mancha mad. When an ideology is established in political and military power, censorship is immediately imposed ‘manu militari’. We see manifestations of this attitude in the censorship of social networks and in the absurd censorship favored by the EU in relation to words, concepts, unnecessary prohibitions imposed by the coronavirus, etc.


 

Thoughts can be analogously as contagious as viruses and bacteria. While biological epidemics are quite undesirable, the same cannot be said of intellectual epidemics. Take, for example, psychoanalysis: let us, with complete freedom of thought, consider some very interesting phenomena.

We are all receptive to certain ideas and immune to others. Once infected, we can, after a certain incubation period, infect others. Let us take an example from the beginning of the last century, psychoanalysis. It is, in the scathing words of Karl Kraus, the mental illness that thinks it is therapy. Freud’s writings were carriers of the infectious matter that infected Jung, Abraham or Ferenczi. These, after an incubation period, in turn became hosts of the psychoanalytic virus. In the process, Jung developed rather an acquired resistance to the disease, whereas the resistance of the Viennese medical profession probably corresponded to an innate immunity.

The history of psychoanalysis in its first phase reads like the chronicle of an epidemic. Analogous things can be said about Newton’s mechanics, Darwin’s theory of evolution, Cantor’s set theory, Keynes’ theory of employment. And they are by no means limited to exact science, but also apply to Kant, Marx or Nietzsche. But, where the epidemic process has been changing the world we find it in the order of philosophical ideas.

What makes an idea so virulent, is it that there are many «super-spreaders» in certain intellectual circles? These inquiries are revealing, because the explanation involves looking at scientific progress from an epidemiological point of view. The longevity of an idea usually means the dominance of scientific «mandarins» and their disciples in a certain field of knowledge, who counteract the spread of alternative and competing ideas. Herd immunity, so to speak, is formed by one scientific school against another. According to Max Planck’s famous quote, the exact sciences advance from one funeral to another. In other words, new theories can often only gain momentum when the eminences of a discipline retire and the immunity of their established ideas diminishes.

How do bad ideas behave?

So far we have talked about good ideas. What about bad ideas? That is, we can certainly speak of a «pathogenicity» of ideas. The question is of great importance. We see how «contaminated» content – misinformation, crackpot theories, rumors – literally spread pandemically in social networks.

Let’s make an analogy here as well. In a pandemic disease, multiple strains of pathogens often compete for dominance and survival in a host population. Misplaced worldviews, half-truths and falsehoods can thus be considered intellectual «pathogens.» They are in constant competition with «healthy» ideas. They all compete for attention, i.e., they seek contagious hosts. A healthy population could be defined by the fact that in it «healthy» ideas prevent «pathogenic» ones from spreading widely. However, if the intellectual health of a population breaks down and loses its unity, dividing into closed subpopulations, the viruses of «pathogenic» ideas can find their niches in which they can continue to exist. Social networks are the ideal breeding ground for these virus strains, thus fostering an intellectual segregation of terrifying proportions, especially with regard to truth and the Judeo-Christian cultural principles upon which the greatness of the West has been built.

 

The spread of the virus of opposition

Today, we are infected by the plot virus. And it seems that its reproduction rate is high, which suggests that the virus is a product of social networks. But it is very old, because it always recycles the same narrative pattern, which can be condensed in one sentence: epidemics always have their culprits.

For example, in 1321, during the leprosy epidemic in France, the sick themselves were accused of conspiring to spread the disease. In his book «The Witches’ Sabbath,» historian Carlo Ginzburg says that the alleged leprous conspirators spread poisonous powders in wells, springs and rivers to infect the healthy. The sick were arrested, imprisoned, tortured and burned. There is nothing new under the sun today either. The plot pattern about the Sars-CoV-2 virus is updated with China’s PC, US intelligence agencies, with the Bill Gates Foundation, Big Pharma or the obligatory Alpha Centauri invaders, depending on preference.

Viral garbage

Let’s go back to making an analogy: the excrement of large networks is a pandemic intellectual virus. Its epidemiology is based on three basic principles: 1) Producing ‘bullsheet’ is easy, while eliminating it is disproportionately more difficult. 2) «Proving» bullshit requires no intelligence, while disproving it requires a lot. 3) Viral ‘bullsheet’ spreads faster than any attempt to correct and refute it. Therefore, against social media incubators, there is no «vaccine» in sight against bullsheet.

Therefore, we must look at the current situation with a stoic attitude. Since their discovery, microbes have been regarded primarily as «pollution», as contaminants and carriers of germs of evil: a biological filth that must be eliminated. The same can be said of intellectual filth, of nonsense. Stoicism now means understanding the enormous current significance of the educational and cultural task.

 

 

 

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