Los frutos del subjetivismo

https://www.youtube.com/watch?v=0218GkAGbnU

Por David Carlin, profesor jubilado de Sociología y Filosofía en el Community College de Rhode Island,

21.8.2020

En los últimos meses me han desconcertado dos fenómenos nacionales en USA.

Primero, la convicción expresada por mucha gente – por los de la izquierda más que por los de la derecha –  que salvar vidas amenazadas por el de COVID-19 sería tan importante que deberíamos «cerrar» la vida económica, académica, religiosa y el consumo de cerveza en la nación para lograr este fin.

Por supuesto que estoy personalmente a favor de salvar vidas, especialmente porque pertenezco a un grupo demográfico vulnerable.  Es decir, soy un viejo con dos o tres «condiciones subyacentes».  Pero salvar las vidas de personas viejas y enfermas rara vez significa que esas personas volverán a estar en pie, jugando al tenis o corriendo medias maratones o trabajando en proyectos de ingeniería.  No, significa extender sus vidas por un año o dos, o un mes o dos.

Ahora bien, no hay nada malo en extender la vida aunque sea por un corto tiempo.  A mí mismo me gustaría tener tantos meses como sea posible.  Pero, ¿valen la pena estos pocos meses extra para dejar a decenas de millones de personas sin trabajo, mantener a decenas de millones de niños alejados de las aulas y evitar que un número incontable de jóvenes se diviertan y se aventuren como sólo se puede hacer cuando se es joven?

Una larga vida es buena, pero no es el único bien.  El trabajo también es bueno.  Los cheques de pago son buenos.  La escuela es buena.  Socializar es bueno.  Divertirse es bueno.  Y así sucesivamente.  Pero en los últimos meses muchos americanos parecen haber pensado que el bien supremo es la larga vida.

Luego me desconcierta la creencia generalizada de que el racismo es el más horrible de los pecados, el único pecado realmente grave. Ahora bien, el racismo es malo, pero también lo son muchas otras cosas.  En mi opinión, por ejemplo, el aborto es malo, y también lo es la conducta homosexual, y también lo es golpear a tu novia o esposa, y también lo es engañar en tus impuestos, y también lo es abandonar a tu descendencia, y también lo son muchas otras cosas.

Sin embargo, según la opinión pública reciente, todos estos otros pecados se desvanecen hasta casi desaparecer cuando se comparan con el gigantesco pecado del racismo.  La gente (principalmente de la izquierda) no tiene ninguna objeción al aborto en masa o a la fornicación casual o a la sodomía homosexual, y tampoco tiene la más mínima objeción a que los padres abandonen a sus hijos.

Todo esto me parece muy extraño, a un anciano católico con algunas condiciones subyacentes.  ¿Qué es lo que pasa?

Desde hace muchas décadas, los izquierdistas o progresistas o liberales (como quiera llamarse) han estado librando una guerra contra la idea de que los valores, especialmente los morales, sean objetivos.  Han sido defensores de la idea opuesta, el subjetivismo de los valores, según el cual todos los valores no son más que preferencias subjetivas.  Si prefieres a Mozart a la música rap, esa es tu opinión.  Tienes derecho a ello, siendo éste un país libre.  Pero no es más que tu opinión, no es un hecho.  Que el agua está mojada, es un hecho.  Que Mozart es mejor que el rap no es un hecho: es simplemente su preferencia personal.

Lo mismo ocurre con el aborto o la homosexualidad.  La gente que se considera estar más al día que yo me ha explicado a menudo, «Cuando usted (Sr. Anciano Católico) dice que el aborto y la sodomía homosexual están moralmente mal, todo lo que puede significar es, ‘desapruebo el aborto y la sodomía homosexual’.  Bien.  Eres un tipo anticuado, y como otros viejos nacidos antes de la invención de las computadoras y del Fentanyl, no te gustan esas cosas.  Pero a nosotros sí nos gustan.  Y resulta que te superamos en número.  Pronto estarás muerto, y te superaremos aún más en número».

Ahora bien, esta persona podría haberme dicho: «Tienes derecho a tu opinión».  Pero no lo hizo.  Porque mientras que todavía tengo derecho a mi opinión sobre Mozart, no tengo derecho a mi opinión sobre la homosexualidad y el aborto.  No, el debate sobre esos temas está ahora cerrado en América.  Toda desaprobación de la homosexualidad o el aborto es ahora malvada.  No tiene excusa.  Los sabios moralistas de América han hablado.

En una sociedad en la que todos los valores se consideran subjetivos, ninguno como verdad objetiva, hasta algunos subjetivistas que sostienen los valores tienen una idea de a dónde puede llevar esto finalmente, y tiemblan.  Puede conducir a la anarquía moral; puede conducir a una licencia para asesinar, violar, robar, saquear, quemar, etc.

«No», piensan para sí mismos, «debe haber ALGUNOS valores en los que todos podamos estar de acuerdo».

Y así dicen que la vida humana es un bien absoluto, y que debe ser protegida contra COVID-19, aunque tengamos que hacer un enorme daño a nuestra economía y a nuestras escuelas.  Por supuesto, su credibilidad como defensores de la vida se anula por su apoyo a la matanza de bebés no nacidos.

Dicen que el racismo es un mal absoluto y que todo rastro de él debe ser erradicado de nuestros corazones y mentes, incluyendo nuestras mentes inconscientes.  Sin embargo, estos, nuestra ´policía´ antirracista, permanecen hipócritamente indiferentes a dos hechos atroces: un inmenso número de niños negros crecen sin padres – un factor importante que limita sus perspectivas – y un inmenso número de bebés negros son abortados cada año.

Durante unos cien años, los pensadores liberales de élite han enseñado que todos los valores, incluidos los morales, son meramente subjetivos; pero recién en las últimas décadas estas enseñanzas han llegado a penetrar en las masas.  Esas élites generalmente no querían más que una licencia para la libertad sexual; esperaban que las cosas se detuvieran allí.  Pero las masas humanas, especialmente el estrato más bajo, son más lógicas.  Usan el subjetivismo moral como una licencia para el desorden y la criminalidad.

Y así, algunas de nuestras elites comienzan a retroceder horrorizadas por lo que han hecho.  Ahora dicen cosas como, «La vida es objetivamente buena» y «El racismo es objetivamente malo».

Eso es bueno.  Pero puede ser muy poco y muy tarde.

 

 

 

 

https://www.youtube.com/watch?v=0218GkAGbnU

The Fruits of Subjectivism

 

By David Carlin, a retired professor of sociology and philosophy at the Community College of Rhode Island,

August 21, 2020

In recent months I’ve been puzzled by two nationwide phenomena.

First, the conviction expressed by many people – by those on the Left more far more than by those on the Right – that saving lives from COVID-19 deaths is so important that we should pretty much “lock down” the nation’s economic, academic, religious, and beer-drinking life to accomplish this end.

Now I personally am in favor of saving lives, especially since I belong to a vulnerable demographic.  That is, I’m an old guy with two or three “underlying conditions.”  But saving the lives of people who are old and diseased rarely means that such people will once again be up and about, playing tennis or running half-marathons or working on engineering projects.  No, it means to extend their lives by a year or two, or a month or two.

Now there’s nothing wrong with extending life by even a small amount.  I myself would like to have as many months as possible.  But are these few extra months worth putting tens of millions of people out of work, keeping tens of millions of kids away from classrooms, and preventing countless numbers of young people from having the kind of fun and adventure you can have only while young?

Long life is good, but it’s not the only good.  Work is good.  Paychecks are good.  Schooling is good.  Socializing is good.  Fun is good.  And so on.  But in recent months lots of Americans seem to have thought that the paramount good is long life.

Second, I’m puzzled by the widespread belief that racism is the most horrible of sins, the only really serious sin. Now racism is bad, but so are many other things.  In my opinion, for example, abortion is bad, and so is homosexual conduct, and so is beating up your girlfriend or wife, and so is cheating on your taxes, and so is abandoning your offspring, and so are many other things.

According to recent public opinion, however, all these other sins fade to near-insignificance when compared to the gigantic sin of racism.  People (mainly on the left) who have no objection whatever to mass abortion or to casual fornication or to homosexual sodomy, and have only the barest objection to fathers abandoning their offspring, are shocked out their minds that a statue of Robert E. Lee should be on public display anywhere in America.

If these people could save their lives by saying the N-word, they’d prefer to die – just as early Christians preferred martyrdom to burning a pinch of incense at the emperor’s altar.

All this seems very odd to me, an elderly Catholic man with a few underlying conditions.  What’s going on?

*

For many decades now leftists or progressives or liberals (whatever you want to call them) have been waging war against the idea that values, especially moral values, are objective.  They have been champions of the opposite idea, value-subjectivism, according to which all values are no more than subjective preferences.  If you prefer Mozart to rap music, that’s your opinion.  You’re entitled to it, this being a free country.  But it’s nothing more than your opinion; it is not a fact.  That water is wet – that’s a fact.  That Mozart is better than rap is not a fact: it’s merely your personal preference.

Likewise with abortion or homosexuality.  People more up-to-date than I have often explained to me, “When you (Mr. Elderly Catholic) say that abortion and homosexual sodomy are morally wrong, all you can possibly mean is, ‘I disapprove of abortion and homosexual sodomy.’  Fine.  You’re an old-fashioned guy, and like other old folks born before the invention of computers and Fentanyl, you don’t like those things.  But we do like them.  And we happen to outnumber you.  Soon you’ll be dead, and we’ll outnumber you even more.”

Now this up-to-date person could have said to me, “You’re entitled to your opinion.”  But he/she/it/ze didn’t.  For while I am still entitled to my opinion on Mozart, I am NOT entitled to my opinion on homosexuality and abortion.  No, debate on those issues is now closed in America.  All disapproval of homosexuality or abortion is now wicked.  It is without excuse.  America’s moral sages have spoken.

In a society in which all values are considered to be subjective, none objective, even some value-subjectivists have a sense of where this may eventually lead, and they tremble.  It may lead to moral anarchy; it may lead to a license to murder, rape, rob, loot, burn, etc.

“No,” they think to themselves, “there must be SOME values we can all agree on.”

And so they say that human life is an absolute good, and it must be protected against COVID-19 even if we must do enormous damage to our economy and our schools.  Of course, their credibility as defenders of life is undermined by their support for the killing of unborn babies.

And so they say that racism is an absolute evil and that every last trace of it must be eradicated from our hearts and minds, including our unconscious minds.  Yet these, our anti-racism police, remain hypocritically indifferent to two appalling facts: immense number of black kids grow up without fathers – a major factor limiting their prospects – and an immense number of black babies are aborted every year.

For a hundred years or so, elite liberal thinkers have been teaching that all values, including moral values, are merely subjective; but in recent decades these teachings have trickled down to the masses.  The elites usually wanted no more than a license for sexual freedom; they hoped things would stop there.  The masses, especially the lowest stratum of the masses, are more logical.  They use moral subjectivism as a license for disorder and criminality.

And so some of our elites begin to recoil in horror from what they have wrought.  Now they say things like, “Life is objectively good” and “Racism is objectively bad.”

That’s good.  But it may be too little, too late.

 

 

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