Evolución hacia la Democracia

Below the English version.

Peter Kopa  8.8.2020

https://www.youtube.com/watch?v=8opqrE2jSmA

https://www.youtube.com/watch?v=f1UDU4Rlf0Y

Origen

            Hoy se habla mucho de la crisis de la democracia. Winston Churchill dijo una vez que ´ es la mejor alternativa entre las malas formas de gobierno´. Al mismo tiempo, las personas en los países emergentes están como hipnotizados, mirando a la democracia como la panacea que ha de curar todos sus males. Pero muy pronto se revela, que todo gobierno democrático sólo es tan bueno como los gobernantes que ejercen el poder. En su momento, también en Europa la democracia ha fascinado, teniendo por delante el ejemplo de Abraham Lincoln en los USA, y mucho más cerca a Suiza, la democracia más antigua del mundo.

            Aunque se piense que Locke, Rousseau y Montesquieu fueron los precursores de la democracia, en realidad esta forma de gobierno se nutre de una cultura judeo-cristiana acuňada durante casi cuatro milenios, porque para su buen funcionamiento tiene que apoyarse en personas de gran integridad moral, tal como lo formuló un personaje ingles: ´Democracy is only for gentleman´ (la democracia es sólo para honrados caballeros) que son conscientes de la dignidad del hombre.

             A pesar de los grandes desastres que tuvieron lugar en el mundo, incoados por abusos de poder que inicialmente fueron legitimados democráticamente, hay  que reconocer que el mundo nunca ha progresado tanto –y no sólo materialmente- como en los últimos cien anos.

            Desde que hay  hombres sobre la tierra siempre hubo una autoridad en un grupo social, que comenzó siendo  nómada, luego una tribu. Hubo caciques, brujos, sabios o viejos, que por la razón de su alta edad se consideraban capaces de gobernar  y juzgar. Cuando se produjo el  paso de la vida nómada al asentamiento agrícola, comenzaron a surgir pequeñas  poblaciones con mayor calidad de vida y con más personas, lo cual dio lugar a sistemas de autoridad más estables. Lo interesante en este desarrollo  es el hecho, de que siempre se había dado por supuesto un código ético mínimo,  que surgía del sentido común racional:  no robar, no matar ni dañar a otro injustamente, respetar  las cosas (derecho de propiedad) y la mujer de otro etc.  Las transgresiones contra estos principios tenían sanciones mucho más severas que las del presente. La venganza era una de las formas de sanción, que muchas veces se extralimitaba, creando un ambiente de lucha continua que tanto frenó el progreso civilizatorio durante siglos. La imaginación de Hollywood intenta  mostrarnos  en tantísimas películas cómo vivían en este sentido los hunos, espartanos, los persas,  los egipcios, los indios en América etc.

            Desde los albores de la vida del hombre sobre la tierra pasaron muchos siglos con un adelanto mínimo en ciencias y tecnología. Recién con el advenimiento del pueblo de Israel aparece una rica codificación ética basada en el monoteísmo, que culmina luego con el advenimiento de la era cristiana, que instaura la Ley divina revelada, que confirma y perfecciona las leyes  morales  anteriores. Gracias a estas enseñanzas, el Occidente judeo- cristiano pudo tener un desarrollo  muy superior a los demás pueblos de  América y Asia

Influencia de los principios judíos y cristianos 

Y así,  gracias a que en Occidente se tenía una  noción más diáfana de lo que es el bien y el mal moral, poco a poco, gracias a la labor de la Iglesia  y a  sus  instituciones  educativas  se  fue abriendo paso una forma de vida superior basada, en última instancia, en la libertad y en el amor a Dios y al prójimo. Todavía hoy, estos principios resulta un shock elevante para  tantos pueblos no cristianos en África y Asia. La concepción judeo-cristiana de la familia es lo que más contribuyó al progreso de Occidente, porque permitió  la educación óptima de los hijos, desencadenando un ´círculo virtuoso´ con enormes consecuencias positivas para las ciencias y la tecnología modernas, que tienen sus raíces precisamente en la cultura judeo-cristiana.

            Sus principios  han inspirado profundamente las leyes en el Occidente, que parten del hecho  de que el hombre, como ser racional, es libre, por lo que para lograr el bien, lo tienen que querer y poner los medios para lograrlo, superando así  las tendencias al mal (por ejemplo, robar, ser infiel, mentir, hacer sufrir a otros injustamente etc.). Por tanto, el hombre es responsable de sus actos, y merece sanción de la autoridad pública cuando su comportamiento daña los derechos de los demás.

            Inicialmente, el origen del poder político se derivaba de la descendencia dinástica o de otro principio muy distinto que la democracia. Recién hace unos pocos siglos este poder lo comienzan a adjudicarlo un consejo o el pueblo, mediante decisiones de todos o de los que se consideran sus representantes. Pero Ya en Grecia, y luego en Roma y en la Edad Media y Moderna,  el César o el Rey  no tenían siempre poderes  absolutos.

Aparición de la democracia moderna

            La democracia, tal como la conocemos hoy, es relativamente reciente. La Revolución Francesa, que explotó en el ano 1789, no inventó la libertad, la igualdad y la fraternidad, sino que estos principios fueron tomados  de las enseñanzas filosóficas de inspiración cristiana y fueron empuñados como armas arrojadizas contra el  así llamado ´ancienn regime´ (régimen antiguo de corte político-dinástico). ¿No es prueba de ello  que el remedio  pretendido por  esta revolución resultó peor que la enfermedad que pretendía curar, matando a millones en guerras y levantamientos callejeros, persiguiendo a la lglesia y a todo lo que se le oponía? Creo que es un ejemplo, como tantos en la historia de los hombres, de que el bien no puede imponerse sin ser uno mismo bueno. Esto mismo pasa también hoy bajo otras formas. 

 Ahora recuerdo haber leído hace poco la biografía de Beethoven.  Políticamente eran un gran romántico.  Con gran ingenuidad pensaba en Viena, que la incursión de Napoleón en Austria supondría por fin la liberación del  yugo dinástico y monárquico, pero pronto se llevó una enorme decepción, cuando vió que Napoleón   se portaba aún peor que la nobleza anterior. Nuestro tiempo y nuestro mundo de los últimos cien anos presenta una situación nueva, porque la Ley se va desvinculando  paulatinamente de los principios y de la vida cristiana que la sustenta. Veamos unos ejemplos:

            Hitler subió al poder gracias a elecciones democráticas, en las que recibió un apoyo decisivo sobre todo en los sectores protestantes del electorado.  Y en Checoeslovaquia,  poco después de la finalización de la segunda guerra mundial, el partido comunista obtuvo, también democráticamente,  una mayoría relativa suficiente para nombrar al jefe del gobierno.  En ambos casos, las consecuencias fueran catastróficas,  significando en el caso de Alemania 54 millones de muertes en la II guerra mundial,  y en el caso de Checoeslovaquia, la opresión comunista de una pueblo de 15 millones de habitantes, hasta la Revolución de Terciopelo en 1989.

            ¿Qué había pasado?  ¿Por qué fracasó la democracia?  Porque el pueblo elector se había fiado de que los líderes electos  defenderían sus  derechos.  Aunque el pueblo elector estaba ofuscado por el momento dramático en que tuvieron lugar ambas elecciones (la humillación de los alemanes después de la primera guerra mundial, y el sentimiento de que los rusos comunistas habían liberado a Checoeslovaquia del  protectorado alemán),  los electores no pudieron  sino querer para sí lo bueno, la justicia y la fraternidad. Y en cambio tuvieron que sufrir todo lo contrario, porque  habían caído en la típica trampa electoral, cuya carnada son las ilusiones de los electores, quienes, con su voto, su trabajo y sus impuestos, dan fuerza y poder de mando a quienes luego les van a llevar al precipicio.

 

Los abusos del sistema democrático

            A lo largo de estas páginas iremos viendo que casi siempre, las injusticias y abusos del gobierno son resultado de no haberse respetado la verdad de las cosas, la razón natural y el sentido común. Y cuando el error es presentado de intento, ¿no se transforma acaso en una mentira que tiene como objeto manipular al electorado o justificar lo injustificable? Ciertamente,  en la política no puede haber verdades como en las ciencias , sino solo opiniones que  llevan a decisiones  prudenciales, que a su vez llevan a un buen resultado, si se ha buscado sinceramente el bien para todos, lo cual presupone el respeto de la Ley Natural y de los Derechos humanos, que han de ser siempre las premisas de las que hay que partir.

Pero otra cosa muy distinta es la deformación intencionada de la verdad para lograr un fin ajeno al bien común. Por tanto, la verdad en la política sí que existe y debe ser exigida en cuanto a la intención recta del gobernante y, sobre todo, en el entendimiento según la verdad  de los problemas  y en la forma de remediarlos. Aquí el criterio de verdad lo da las exigencias de la justicia y el criterio de proporcionalidad entre las medidas a aplicarse y sus efectos. Por ejemplo: Hitler y su ideología en torno a la superioridad de la raza aria-germánica ha llevado a efectos desastrosos. En el otro extremo encontramos el buen gobierno de un Adenauer, que ha buscado la verdad en las exigencias de justicia que halló en la encíclica ´Rerum Novarum´.  Dejo en el tintero muchos otros ejemplos de buen gobierno, cuya exigencia mínima es la intención recta del gobernante, aunque luego se hubieran equivocado en algunas cosas, como es el caso de Charles De Gaulle, Ronald Reagan y otros.

En nuestros días, aunque los problemas económico-políticos tienen una gran complejidad,  nunca debería cesar, por parte del ciudadano, la vigilancia sobre las medidas que aplica el Estado para resolverlos, para evitar, en su caso, la tendencia  al egoísmo de sus gobernantes , cuando  ya no viven para su gente, sino para sí mismo, intentando someterlo todo a su absoluto control. Debajo de esta pretensión  de algunos mandatarios ¿no sería lógico que asuman una responsabilidad personal por sus gestiones de gobierno (´political accountability´)? Por tanto, hay que ver quiénes y cómo  han echado a rodar – en algún caso- una bola de nieve que dana al pueblo.  Por lo general,  la culpa la tenemos también los ciudadanos, porque no vigilamos  continuamente la gestión del gobierno, apoyándonos en los Derechos Constitucionales, que lastimosamente casi nadie los conoce detalladamente.

 

Cómo evitar los abusos

            Estos  abusos de la democracia  se repiten hoy  una y otra vez en tantos países.  ¿Como superar este círculo vicioso?  ¿Cuales serían por tantos las medidas  que permitan superarlo, o al menos mitigarlo?

            En primer lugar, como acabo de decir,  parte de la culpa la tienen los  ciudadanos, en la medida en que ellos mismos no viven según los dictados de su conciencia. Si esta no fue bien formada en la propia familia,  el hombre difícilmente puede  tener la sensibilidad de preocuparse por los asuntos políticos. ¿Tales personas no elegirán más bien la lista de un partido político, sin conocer las personas a las que dán su voto, sin preguntar por su ideario,  por sus visiones?  Este tipo de ciudadanos es más probable que se dejen seducir demasiado por las satisfacciones que permiten el consumo  y la vida relativamente fácil, gracias a la alta productividad económica, basada en tecnologías cada vez más avanzadas. Por ejemplo, en USA, la media de tiempo que se emplea en ver televisión es de cuatro horas y media. En Europa es algo menor.

Luego está la sobrealimentación, el alcohol, el deporte, el  turismo etc., que asegura una buena vida material,  nunca habida hasta ahora en la historia de la humanidad.  Incluso lo que era el pobre tercer mundo, hace treinta anos, hoy son países emergentes donde  se ha reducido notablemente el hambre y la pobreza extrema. Pero toda esta satisfacción material bien puede adormecer el interés por los asuntos del gobierno  político, que a la hora de las elecciones tiende a elevar al pedestal del mando  a  personas  de perfil insuficiente para administrar con competencia, honradez  y justicia el bien común.

 

Cómo elegir buenos gobernantes?

            Finalmente está la culpa del gobernante elegido, en la medida en que él mismo no tiene el perfil necesario para su cargo.  Aquí hay que tener en cuenta de  que no basta una persona honrada, bien considerada, porque en el ejercicio del mando político la persona elegida se va a encontrar con un  poder que exige no sólo la decencia y honradez , sino que  tiene que  haber además  una profunda decisión de seguir siendo uno mismo moralmente intachable. Pregunto al lector: ¿Cómo encontrar tales personas, que exige un conocimiento previo  hasta de la vida particular de los individuos que aspiran a llegar al mando político? Por ejemplo, en USA, un candidato a Presidente no tiene chance de ser elegido si no se presenta con su esposa y sus hijos. Un gobernante que engaña a su esposa, o que lleva una vida inmoral en otros órdenes, no tendrá motivos para no engañar también a su pueblo.

            En cuanto a la competencia profesional  del  gobernante, ¿no habría que  lograr una preparación análoga como la que tiene un arquitecto, un médico etc.? Es interesante considerar que,  en todos los países, la Ley regula especialmente aquellas profesiones  cuyo ejercicio expone al ciudadano a un riesgo en su integridad física y psíquica, exigiendo  unos estudios superiores y una preparación técnica definida oficialmente, que luego permitirá el ejercicio de la Medicina, Arquitectura, del Derecho etc. Además, el ciudadano que solicite tales servicios profesionales,  se apoya además en la recomendación de un tercero de confianza.

Sin embargo,  el acceso a la función política  exige sólo el  ser elegido.  Aquí no se exigen ningún estudio ni preparación previa, debido al principio dogmático de que todo ciudadano tiene el sacrosanto derecho político activo y pasivo: esto es,  la facultad de votar y ser votado. Y esta situación se complica todavía más, cuando no se eligen personas sino partidos, que bien pueden ser antros de todo tipo de  mangoneo de elementos que nunca tenían que haber subido al poder. Winston Churchill   dijo una vez, que lo mejor es elegir  mandatarios políticos ricos, porque estarían menos inclinados a robar al ciudadano y se cuidarían más de su honra.

El dogma  de que todo ciudadano tiene todos los derechos políticos activos y pasivos ha sido acunado por el pensamiento racionalista ilustrado de Locke, Monsquieu y otros, luego reivindicado en revoluciones y finalmente impuesto en la opinión pública como una especie de verdad de fe religiosa. ¿No será que este concepto jurídico de igualdad, sin condiciones previas de debida preparación, se basa en el prejuicio racionalista volteriano de que todo hombre es bueno por naturaleza  y sólo las malas influencias lo pueden degenerar? Si se partiese de la verdad evidente, de que todo hombre está inclinado también al mal, probablemente se hubiesen podido ahorrar muchísimos desastres.

            Una forma de solucionar este enorme problema  podría ser un principio constitucional que exija  una carrera universitaria como  condición necesaria para el acceso a cargos de gobierno. De esta manera se podrían crear instituciones con el fin de capacitar al candidato  en el aspecto moral y profesional para el buen desempeño del mando político. Francia, por ejemplo, tiene su Escuela de Administración Pública. Otros países de vanguardia forman sus cuadros políticos en ciertas universidades, al igual como las empresas multinacionales prefieren los que han estudiado en Harvard.  Otras formas de preparación y conocimiento de la persona es la carrera política. Al mismo tiempo no deberían faltar nunca leyes que impidan lo más posible la corrupción, el despilfarro y una administración pública que no prescinda de la tecnología digital para racionalizar y agilizar sus gestiones. Sobre todo es importante  una buena Ley contra la corrupción, sin compromiso alguno que supongan dejar una puerta abierta para la manipulación, por ejemplo, en la adjudicación de obras públicas. Un ejemplo concreto, negativo, lo ofrece una Ley anticorrupción en un país centroeuropeo: dispone que toda obra pública debe ser sometida a licitación pública, excepto en casos de suma urgencia. Y por esta fisura se cuelan continuamente proyectos que no tienen que supeditarse a una licitación abierta.

            La cuestión es: qué puede hacer el  ciudadano para mejorar la gestión del gobierno político. Sugiero al lector algunas ideas:

  1. Leer la Constitución, para tomar conciencia de sus derechos de petición hacia el funcionario público.
  2. Formar una asociación o grupo para formular peticiones o reclamaciones al gobierno. El internet permite crear un blog o  una página web desde la cual se pueden motivar y mover a miles y  a millones, como puede verse en los USA y en otros países. Lo deseable sería  que estos grupos de acción estén por encima de las facciones políticas de partido, con la ventaja de poder nuclear así a más ciudadanos. La estrategia sería realizar el  ˇmanagement´  del descontento ciudadano, en la forma de notas firmadas por internet, o impresas y enviadas al Gobierno. ¿No escuchamos acaso tantas quejas justificadas, de tantos amigos y conocidos,  que no tienen efecto alguno porque no llegan al conocimiento de los dignatarios  políticos? La experiencia de la ´Tea Party´ en los USA,  por ejemplo,  indica que una fracción  del electorado es escuchada y tomada en serio. Al mismo tiempo, con este empeño se facilita la formación política del ciudadano.
  3. Por tanto, nosotros tenemos que convencernos  profundamente de que no basta acudir  a las urnas electorales, sino que luego tenemos que ejercitar nuestro derecho constitucional de vigilar la gestión del Gobierno, que se concretará en lo dicho anteriormente o en otras tantas iniciativas que se nos podrán ocurrir en nuestra situación política concreta, sin excluir la manifestación  pública en la calle.

En este sentido, durante mi estancia de 18 anos en Suiza pude admirar cómo funciona el derecho al referéndum,  anclado en la constitución helvética: si se entregan cien mil peticiones ciudadanas  al Gobierno Federal en Berna,   éste tiene la obligación de convocar la votación del asunto planteado, pagando  del erario público  todos los gastos. Recuerdo que hace más de veinte anos, el Gobierno Federal Suizo  estaba decidido  a solicitar la entrada en la Unión Europea, cosa que fue impedida precisamente por un referéndum, el cual se repitió después de muchos anos, con  el mismo resultado denegatorio

      ¿No será que el referéndum es tan rechazado por la mayoría de los gobernantes, porque limita sus poderes y les obliga a fijarse más en qué es lo que quiere la ciudadanía, al votarse no a personas sino los asuntos mismos de gobierno?  Es interesante constatar, que no lo tienen los países más importantes como USA y Alemania,  siendo hoy  su realización muy fácil mediante el internet. Es una pena que los gobiernos mantengan la distancia hacia sus representados, quienes les dan de comer mediante los altos impuestos. Escuchan poco a su gente con el prejuicio de que la ciudadanía realmente no sabe lo que quiere, o que es demasiado ignorante o indigna. Síntomas de esta actitud arrogante no faltan en ningún país, lastimosamente. Un ejemplo positivo, en este sentido, es quizás Ángela Merkel, en Alemania y, en su momento,  Ronald Reagan en USA.

  1. Promover el conocimiento personal del Jefe de Gobierno, del Presidente, Ministros, Jueces etc. ¿No es llamativo que en este punto la iniciativa la suelen tomar los dignatarios políticos o la TV, pero  no las plataformas de acción ciudadana? Puede ser ilustrativo en este sentido  poner en Google el concepto ´Redes sociales políticas´ o ´acciones políticas en internet´ para darse cuenta que el internet puede revolucionar la intervención política del ciudadano porque es accesible a todos a costo casi cero. Para ello basta superar la propia comodidad recortando  el tiempo que se dedica a mirar la TV.         

            Finalmente no se puede olvidar la enorme importancia y la realidad del  Estado de Derecho, cuyas instituciones  han permitido siempre una serie  de garantías eficaces en favor del ciudadano. El cuerpo jurídico de leyes, que tienen como cabeza la Constitución, se ha revelado muy positiva,  sobre todo mediante   la introducción del principio de la división de los tres poderes:  el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Pero al mismo tiempo hay que decir, que sólo el Derecho no hace un buen gobierno. Hace falta, como decíamos arriba, buenos gobernantes,  que entiendan su trabajo como una vocación de servicio.

A pesar  de todos los defectos de la democracia, es precisamente y sobre todo el Estado de Derecho el que  ha permitido un gran progreso en todo el mundo. Es interesante constatar que los países más ricos son los que más en serio cultivan un Estado de Derecho,  aunque la función democrática tenga siempre grandes defectos y sea objeto de todo tipo de abusos. Tantas veces ha sucedido que un país ha ido bien durante un periodo de malos gobernantes, sobre todo gracias al Estado de Derecho y a sus instituciones.

            En conclusión, la democracia ¿acaso no es más que una técnica formal de elección de los gobernantes,  de forma directa o indirecta, sin garantía alguna de que éstos lo harán bien en sus cargos? Las promesas preelectorales y los idearios políticos cara al futuro suelen tener como fin sólo la captación de votos.  Es muy probable que un rey hoy, si es buena persona y se ha sabido rodear de un buen equipo, lo haría mejor que un gobierno democrático que no esté a la altura de sus funciones desde el punto de vista ético o técnico. 

Otra alternativa podría ser la elección de un grupo de ciudadanos de reconocida solvencia moral y profesional, para confiarle  toda la gestión del poder ejecutivo, que a su vez podría ser confiada en parte  a una empresa auditora internacional que esté en condiciones de administrar el bien común de forma análoga a cómo se dirige una gran empresa, según criterios  tecnocráticos, buscando la máxima eficacia con el mínimo de costos. El régimen del Estado de Derecho marcaría sus funciones, facultades y límites. El control de su gestión podría estar vigilado por un poder ejecutivo y por el judicial, especialmente preparado para esta función. Así, el pueblo tendría que elegir sólo a los miembros de las cámaras legislativas, que a su vez podrían nombrar al Presidente –poder ejecutivo- y a los miembros del poder judicial. Este sistema sería  muy austero,  lo cual a su vez permitiría reducir los impuestos  e impulsar  la actividad económica. La gran ventaja de los servicios de una auditoría extranjera, como brazo ejecutor del poder ejecutivo, estaría en la anulación de  favoritismos y en la racionalización máxima de la administración pública, que así resultaría a mucho menos costosa.

Un Estado cuyos gobernantes no reconocen de hecho los Derechos Humanos ni la dignidad del hombre, ¿serán capaces de promulgar Leyes justas? Igualmente, un Estado que no respeta a la Iglesia y a las demás  agrupaciones religiosas, probablemente no podrá contar con ciudadanos bien formados en su conciencia,  lo cual tendrá consecuencias nefastas en todos los órdenes de la convivencia social.

Un Gobierno que no proteja a la familia no aseguraría la buena educación afectiva y moral de los hijos.  Además, tiene que respetar el principio de subsidiariedad en virtud del cual, el poder constituido debe dar siempre preferencia a las iniciativas de los ciudadanos, en materias donde el Estado  puede y debe fomentar la intervención a los grupos intermedios, en sectores tales como la  de educación, la  protección de la familia,  los asuntos laborales, el deporte, la salud, el transporte público etc. Este respeto a la iniciativa ciudadana  tiene que ir unido a una función reguladora de mínimos y a una política de subvención, que al final al Estado le resultará menos costosa que hacerlo todo él mismo, sin contar  con la base.

Es decir, el Gobierno y todo el aparato estatal tiene que tener, como único fin, promover el bien común del pueblo.  Esto parece que no lo tiene muy claro el Estado actual en algunos países, porque se observa una clara tendencia a querer hacerlo todo él mismo,  considerando a los ciudadanos  como una especie de ganado que cada ano se tiene que dejar esquilmar fiscalmente, absorbiendo mediante los impuestos hasta el 50% de los ingresos de sus súbditos (individuos y corporaciones).  Además, esta actitud del Gobierno  frena la iniciativa individual en sectores que no tienen un fin inmediato de lucro  (apoyo a la familia, educación, salud, deporte, cultura etc.),  cercenando en parte la libertad individual y la de los grupos intermedios.

 

 

Peter Kopa 8.8.2020

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Evolution towards Democracy

Source

            Today there is much talk about the crisis of democracy. Winston Churchill once said that ‘it is the best alternative among the bad forms of government’. At the same time, people in emerging countries are as if hypnotized, looking at democracy as the panacea that will cure all their ills. But very soon it is revealed, that every democratic government is only as good as the rulers who exercise power. In its time, democracy has also fascinated Europe, looking at the example of Abraham Lincoln in the USA, and much closer, to Switzerland, the oldest democracy in the world.

            Although it is thought that Locke, Rousseau and Montesquieu were the forerunners of democracy, in reality this form of government is nourished by a Judeo-Christian culture that has been cradled for almost four millennia, because for it to work well it has to rely on people of great moral integrity, as an English character formulated: ‘Democracy is only for gentleman’ who are aware of the dignity of man.

             Despite the great disasters that have taken place in the world, initiated by abuses of power that were initially democratically legitimated, it must be acknowledged that the world has never progressed as much – and not only materially – as it has in the last hundred years.

            Ever since there have been men on earth, there has always been an authority in a social group, which began as a nomad, then a tribe. There were chieftains, sorcerers, wise men, or old men, who, because of their high age, considered themselves capable of governing and judging. When the transition from nomadic life to agricultural settlement took place, small populations with a higher quality of life and more people began to emerge, resulting in more stable systems of authority. What is interesting in this development is the fact, that a minimum ethical code had always been assumed, which arose from rational common sense: not to steal, not to kill or harm another unjustly, to respect things (property rights) and another’s wife etc.  Transgressions against these principles had much more severe sanctions than those of the present. Revenge was one of the forms of punishment, which often went beyond the limits, creating an atmosphere of continuous struggle that so much hindered civilizational progress for centuries. The imagination of Hollywood tries to show us in so many films how the Huns, Spartans, Persians, Egyptians, Indians in America etc. lived in this way.

            Since the dawn of man’s life on earth many centuries have passed with minimal progress in science and technology. It was only with the advent of the people of Israel that a rich ethical codification based on monotheism appeared, culminating later with the advent of the Christian era, which established the revealed divine Law, confirming and perfecting the previous moral laws. Thanks to these teachings, the Judaeo-Christian West was able to develop much further than the other peoples of America and Asia.

 

Influence of Jewish and Christian principles 

And so, because the West had a clearer notion of what moral good and evil is, little by little, thanks to the work of the Church and its educational institutions, a higher way of life based, ultimately, on freedom and love of God and neighbor began to emerge. Even today, these principles come as an uplifting shock to so many non-Christian peoples in Africa and Asia. The Judaeo-Christian concept of the family is what contributed most to the progress of the West, because it allowed for the optimal education of children, triggering a ‘virtuous circle’ with enormous positive consequences for modern science and technology, which have their roots precisely in Judaeo-Christian culture.

            Its principles have profoundly inspired the laws in the West, which are based on the fact that man, as a rational being, is free, and therefore to achieve good, he must be loved and have the means to achieve it, thus overcoming the tendencies towards evil (for example, stealing, being unfaithful, lying, making others suffer unjustly, etc.). Therefore, man is responsible for his actions, and deserves sanction from public authority when his behavior harms the rights of others.

            Initially, the origin of political power was derived from dynastic descent or from another principle quite different from democracy. Only a few centuries ago this power began to be assigned by a council or the people, through decisions by all or by those who considered themselves their representatives. But already in Greece, and then in Rome and in the Middle and Modern Ages, Caesar or the King did not always have absolute powers.

 

The emergence of modern democracy

            Democracy as we know it today is relatively recent. The French Revolution, which broke out in 1789, did not invent freedom, equality and fraternity, but these principles were taken from the philosophical teachings of Christian inspiration and were wielded as weapons against the so-called ‘ancienn regime’ (old regime of political-dynastic court). Is not it proof that the remedy claimed by this revolution was worse than the disease it was intended to cure, killing millions in wars and street uprisings, persecuting the Church and everything that opposed it? I think it is an example, like so many in the history of mankind, that good cannot prevail without being good oneself. The same thing is happening today in other ways. 

 Now I remember reading Beethoven’s biography recently.  Politically they were a great romantic.  With great naivety he thought in Vienna that Napoleon’s incursion into Austria would finally mean liberation from the dynastic and monarchical yoke, but he was soon disappointed when he saw that Napoleon behaved even worse than the previous nobility. Our time and our world of the last hundred years present a new situation, because the Law is gradually being dissociated from the principles and the Christian life that underlies it. Let us look at some examples:

            Hitler came to power through democratic elections, in which he received decisive support especially from the Protestant sections of the electorate.  And in Czechoslovakia, shortly after the end of the Second World War, the communist party obtained, also democratically, a relative majority sufficient to appoint the head of the government.  In both cases, the consequences were catastrophic, meaning in the case of Germany 54 million deaths in the Second World War, and in the case of Czechoslovakia, the communist oppression of a people of 15 million inhabitants, until the Velvet Revolution in 1989.

            What had happened? Why had democracy failed?  Because the electorate had trusted the elected leaders to defend their rights.  Although the electorate was bewildered by the dramatic timing of both elections – the humiliation of the Germans after World War I, and the feeling that the Communist Russians had liberated Czechoslovakia from the German protectorate – the voters could not help but want good, justice and brotherhood for themselves. And instead they had to suffer the opposite, because they had fallen into the typical electoral trap, whose bait is the illusions of the voters, who, with their vote, their work and their taxes, give strength and power of command to those who will later lead them to the precipice.

 

The abuses of the democratic system

            Throughout these pages we will see that almost always, the injustices and abuses of the government are the result of not having respected the truth of things, natural reason and common sense. And when the error is presented as an attempt, doesn’t it become a lie aimed at manipulating the electorate or justifying the unjustifiable? Certainly, in politics there cannot be truths as in science, but only opinions that lead to prudential decisions, which in turn lead to a good result, if the good for all has been sincerely sought, which presupposes respect for the Natural Law and human rights, which must always be the premises from which to start.

But something very different is the deliberate distortion of the truth in order to achieve an end that is alien to the common good. Therefore, the truth in politics does exist and must be demanded in terms of the right intention of the ruler and, above all, in terms of understanding according to the truth of the problems and in the way to remedy them. Here the criterion of truth is given by the demands of justice and the criterion of proportionality between the measures to be applied and their effects. For example: Hitler and his ideology around the superiority of the Aryan-Germanic race has led to disastrous effects. At the other extreme we find the good governance of an Adenauer, who has sought the truth in the demands of justice that he found in the encyclical ‘Rerum Novarum’.  I leave in the inkwell many other examples of good government, whose minimum requirement is the right intention of the ruler, even if later they would have been wrong about some things, as is the case of Charles De Gaulle, Ronald Reagan and others.

Nowadays, although the economic and political problems are very complex, the citizen should never cease to be vigilant about the measures that the State applies to solve them, in order to avoid, if necessary, the tendency to selfishness of its rulers, when they no longer live for their people, but for themselves, trying to submit everything to their absolute control. Under this pretension of some leaders, wouldn’t it be logical that they assume a personal responsibility for their government’s actions (‘political accountability’)? Therefore, we have to see who and how they have rolled – in some case – a snowball that hurts the people.  In general, we citizens are also to blame, because we do not continuously monitor the government’s management, relying on the Constitutional Rights, which unfortunately almost nobody knows in detail.

 

How to avoid abuses

            These abuses of democracy are being repeated again and again in so many countries today. How can we overcome this vicious circle? What would be the measures that would allow us to overcome it, or at least to mitigate it?

            Firstly, as I have just said, part of the blame lies with the citizens, insofar as they themselves do not live according to the dictates of their conscience. If this was not well formed in the family itself, man can hardly have the sensibility to concern himself with political matters; will such people not rather choose the list of a political party, without knowing the people to whom they give their vote, without asking about their ideas, their visions?  This type of citizen is more likely to be seduced by the satisfactions that make consumption and life relatively easy, thanks to high economic productivity, based on increasingly advanced technologies. For example, in the USA, the average time spent watching television is four and a half hours. In Europe it is somewhat less.

Then there is overfeeding, alcohol, sport, tourism etc., which ensures a good material life, never before seen in the history of mankind.  Even what was the poor third world thirty years ago, today are emerging countries where hunger and extreme poverty have been significantly reduced. But all this material satisfaction may well numb the interest in the affairs of political government, which at the time of elections tends to elevate to the pedestal of command people of insufficient profile to administer with competence, honesty and justice the common good.

 

How to choose good leaders?

            Finally there is the fault of the elected ruler, insofar as he himself does not have the necessary profile for his position.  Here we must take into account that an honest, well-considered person is not enough, because in the exercise of political leadership the person elected will find himself with a power that requires not only decency and honesty, but also a profound decision to remain morally impeccable. I ask the reader: How to find such people, which demands a previous knowledge even of the particular life of the individuals who aspire to reach the political command? For example, in the United States, a candidate for President has no chance of being elected if he does not run with his wife and children. A ruler who deceives his wife, or who leads an immoral life in other orders, will have no reason not to deceive his people as well.

            As for the professional competence of the ruler, should not a similar preparation be achieved as that of an architect, a doctor, etc.? It is interesting to consider that, in all countries, the Law regulates especially those professions whose exercise exposes the citizen to a risk in his physical and psychic integrity, requiring higher studies and an officially defined technical preparation, which will then allow the exercise of Medicine, Architecture, Law, etc. Moreover, the citizen who requests such professional services is also supported by the recommendation of a trusted third party.

However, access to the political function requires only being elected.  Here no previous study or preparation is required, due to the dogmatic principle that every citizen has the sacrosanct active and passive political right: that is, the faculty to vote and be voted. And this situation becomes even more complicated when not individuals but parties are elected, which may well be dens of all kinds of manipulation of elements that should never have come to power. Winston Churchill once said that the best thing is to elect rich political leaders, because they would be less inclined to steal from the citizenry and would take more care of their honor.

The dogma that every citizen has all active and passive political rights has been cradled by the enlightened rationalist thought of Locke, Monsquieu, and others, then vindicated in revolutions, and finally imposed on public opinion as a kind of truth of religious faith. Could it be that this juridical concept of equality, without any preconditions of due preparation, is based on the Volterian rationalist prejudice that every man is good by nature, and that only bad influences can degenerate him? If we were to start from the obvious truth, that every man is also inclined to evil, it would probably have been possible to save a great many disasters.

            One way of solving this enormous problem could be a constitutional principle requiring a university degree as a necessary condition for access to government positions. In this way, institutions could be created in order to train the candidate in the moral and professional aspect for the good performance of the political command. France, for example, has its School of Public Administration. Other leading countries train their political cadres in certain universities, just as multinational companies prefer those who have studied at Harvard.  Other forms of preparation and knowledge of the person is the political career. At the same time, there should never be a lack of laws that prevent corruption, waste and a public administration that does not dispense with digital technology to streamline and expedite its operations. Above all, a good anti-corruption law is important, without any compromises that would mean leaving the door open for manipulation, for example, in the awarding of public works. A specific, negative example is provided by an anti-corruption law in a Central European country: it states that all public works must be subject to public tendering, except in cases of extreme urgency. And this loophole is continuously leaking projects that do not have to be subject to open tendering.

            The question is: what can the citizen do to improve the management of political government? I suggest some ideas to the reader:

  1. Read the Constitution, to become aware of their rights of petition to the public official.

 

  1. Form an association or group to make petitions or complaints to the government. The Internet allows you to create a blog or a web page from which you can motivate and move thousands and millions, as can be seen in the USA and other countries. It would be desirable that these action groups are above the party political factions, with the advantage of nuclear power thus to more citizens. The strategy would be to carry out the ‘ˇmanagement´’ of citizen discontent, in the form of notes signed on the Internet, or printed and sent to the government. Do we not hear so many justified complaints, from so many friends and acquaintances, that have no effect because they do not reach the knowledge of political dignitaries? The experience of the Tea Party in the USA, for example, indicates that a fraction of the electorate is heard and taken seriously. At the same time, this effort facilitates the political formation of the citizen.

 

  1. Therefore, we have to be deeply convinced that it is not enough to go to the ballot box, but then we have to exercise our constitutional right to monitor the management of the Government, which will take shape in what was said before or in as many other initiatives that may occur to us in our specific political situation, without excluding public demonstration in the streets.

 

In this sense, during my stay of 18 years in Switzerland I was able to admire how the right to the referendum, anchored in the Helvetian constitution, works: if one hundred thousand citizen petitions are delivered to the Federal Government in Berne, the latter has the obligation to call for the vote on the matter raised, paying all the expenses from the public treasury. I remember that more than twenty years ago, the Swiss Federal Government was determined to apply for membership of the European Union, something which was prevented precisely by a referendum, which was repeated after many years, with the same negative result.

 

            Could it be that the referendum is so rejected by the majority of those in power, because it limits their powers and forces them to focus more on what the people want, by voting not on people but on the very issues of government?  It is interesting to note that the most important countries such as the USA and Germany do not have it, and it is very easy to carry it out today through the Internet. It is a pity that governments keep their distance from their constituents, who feed them through high taxes. They listen little to their people with the prejudice that the citizens really do not know what they want, or that they are too ignorant or unworthy. Symptoms of this arrogant attitude are not lacking in any country, unfortunately. A positive example, in this sense, is perhaps Angela Merkel in Germany and, in her time, Ronald Reagan in the USA.

 

  1. Promote the personal knowledge of the Head of Government, the President, Ministers, Judges etc. Is it not striking that at this point the initiative is usually taken by political dignitaries or TV, but not by the platforms of citizen action? It can be illustrative in this sense to put in Google the concept ‘Political Social Networks’ or ‘political actions on the Internet’ to realize that the Internet can revolutionize the political intervention of the citizen because it is accessible to everyone at almost zero cost. To do this, it is enough to overcome one’s own comfort by cutting the time spent watching TV.

            Finally, one cannot forget the enormous importance and reality of the Rule of Law, whose institutions have always allowed for a series of effective guarantees in favour of the citizen. The legal body of laws, whose head is the Constitution, has proved to be very positive, especially through the introduction of the principle of the division of the three powers: legislative, executive and judicial. At the same time, however, it must be said that the law alone does not provide good government. We need, as we said above, good governors, who understand their work as a vocation of service.

Despite all the defects of democracy, it is precisely and above all the rule of law that has allowed great progress throughout the world. It is interesting to note that the richest countries are the ones that most seriously cultivate the rule of law, even though the democratic function always has great defects and is subject to all kinds of abuses. It has happened so often that a country has done well during a period of bad governance, mainly thanks to the rule of law and its institutions.

            In conclusion, is democracy nothing more than a formal technique for electing rulers, directly or indirectly, without any guarantee that they will do well in their positions? Pre-election promises and future political ideals are often aimed only at capturing votes.  It is very likely that a king today, if he is a good person and has been able to surround himself with a good team, would do better than a democratic government that is not up to the task from an ethical or technical point of view. 

Another alternative could be the election of a group of citizens of recognized moral and professional solvency, to entrust them with the entire management of the executive branch, which in turn could be entrusted in part to an international audit firm that is in a position to administer the common good in a manner analogous to how a large company is run, according to technocratic criteria, seeking maximum efficiency with minimum costs. The regime of the rule of law would mark its functions, powers and limits. The control of its management could be overseen by an executive branch and by the judiciary branch, which would be specially prepared for this function. Thus, the people would have to elect only the members of the legislative chambers, which in turn could appoint the President – the executive power – and the members of the judiciary. This system would be very austere, which in turn would make it possible to reduce taxes and boost economic activity. The great advantage of the services of a foreign audit, as the executing arm of the executive branch, would be in the annulment of favoritism and in the maximum rationalization of public administration, which would thus be much less costly.

A State whose rulers do not in fact recognize human rights and dignity of man, will they be able to enact just laws? Similarly, a State that does not respect the Church and other religious groups will probably not be able to count on citizens who are well formed in their conscience, which will have dire consequences for all areas of social coexistence.

A government that does not protect the family would not ensure the good emotional and moral education of the children.  Furthermore, it must respect the principle of subsidiarity, by virtue of which the powers that be must always give preference to citizens’ initiatives, in matters where the State can and must encourage intervention by intermediate groups, in sectors such as education, the protection of the family, labour matters, sport, health, public transport, etc. This respect for citizens’ initiative must be linked to a regulatory function of minimums and a policy of subsidies, which in the end will be less costly for the State than doing everything itself, without the base.

In other words, the government and the entire state apparatus must have the sole purpose of promoting the common good of the people.  This seems to be unclear to the current State in some countries, because there is a clear tendency to want to do everything itself, considering the citizens as a kind of livestock that every year has to be left to be taxed, absorbing through taxes up to 50% of the income of its subjects (individuals and corporations).  Moreover, this attitude of the Government slows down individual initiative in sectors that do not have an immediate profit motive (support for the family, education, health, sport, culture, etc.), partly curtailing individual freedom and that of intermediate groups.

 

 

 

 

 

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